La Rural de Palermo y el referente ausente: un grito transfeminista y antiespecista

Por Veró Mac Lennan, comunicadora y periodista antiespecista no binarie. Para Tu Tiempo Mujer

Cuerpos medidos, exhibidos y explotados: La Rural de Palermo expone las lógicas de un sistema que une al patriarcado y al especismo en una misma matriz extractivista.

Se llevo a cabo  la centésima trigésima octava edición de la Exposición Rural de Palermo, en el predio ferial de La Rural. Desde aquí, vamos a darle una perspectiva transfeminista y antiespecista para decir lo que nadie dice: el evento reunió a más de 2.500 animales —es decir, 2.500 víctimas—, 400 stands comerciales —400 stands de explotación animal— y contó con la visita del presidente Javier Milei, el clonador de perros, en su acto de cierre.

La pedagogía de la crueldad

Desde las 9 y hasta las 20 se cobró una entrada de $20.000 en puerta. Sin embargo, el acceso para menores de 8 años, personas con discapacidad y estudiantes de agronomía y veterinaria fue sin cargo en algunos horarios. Porque educar y enseñar a naturalizar la explotación animal es una base fundamental para perpetuar el especismo. Niños, niñas y estudiantes universitarios a los que se los prepara en el arte de explotar, tratando de lograr las mayores ganancias posibles. Que la esclavitud rinda al máximo.

Las atracciones principales consistieron en juras y competencias ganaderas: evaluaciones donde expertos examinan y premian a los explotadores de quienes sean considerados los mejores animales de cada raza según sus características biológicas, reproductivas y comerciales. El objetivo principal es alentar a los dueños —es decir, a los esclavistas— de los ejemplares que representan el «estándar ideal» para mejorar la genética del rodeo nacional.

También hubo desfiles de campeones. Cualquier similitud con la elección de la reina de la belleza no es casualidad; estamos hablando de lo mismo. En el caso de las mujeres se trata de reinas y princesas; en el caso de los animales, de grandes campeones.

Por su parte, las pistas de tractores permitieron a los potenciales compradores subirse a testear tecnología en tiempo real. Esta es otra atracción familiar: el espacio se abre para que el público pasee en un tractor gigante sobre la arena. Así se vincula la agradable experiencia de manejar una máquina poderosa, en familia, con la explotación de víctimas indefensas naturalizando esa práctica.

Y como no podía faltar, lo que hace que todo lo anterior tenga sentido, llegamos a las demostraciones gastronómicas. Los chefs cocinan a las víctimas frente al público en escenarios equipados, explicando el origen de cada “ingrediente”.

Se enfocan en partes de los cuerpos de las vacas o en lo que llaman «productos de alta calidad», como los corderitos de la Patagonia, los peces, los guanacos. Cuerpos ofrecidos en diferentes formas; una de gran aceptación es la del músculo molido, condimentado y metido dentro de una tripa, a lo que llaman «embutido artesanal».

Al finalizar, el público prueba estos cuerpos de forma gratuita, bajo la premisa especista de que el sabor es más importante que la vida.

Desarmando al referente ausente

Hago este ejercicio para luchar contra la ausencia de quien importa en todas las coberturas periodísticas. Porque hacer periodismo desde el transfeminismo y el antiespecismo se hace con orgullo, pero también con mucha bronca y momentos de decepción. Cuando me siento así, recuerdo el concepto de el referente ausente, acuñado por la escritora y activista ecofeminista Carol J. Adams en su célebre libro La política sexual de la carne (1990).

Este mecanismo es muy obvio en las coberturas de La Rural. Las víctimas no están. Adams sostiene que el referente ausente es un engranaje cultural, lingüístico y social que oculta la violencia detrás de un producto de consumo, haciendo que el sujeto original desaparezca de nuestra conciencia a través de dos niveles interconectados:

1. El animal como referente ausente: Detrás de cada bife o hamburguesa hay una ausencia obligatoria: la muerte. El lenguaje transforma a un individuo vivo (un alguien) en un objeto de consumo (un algo). Cambiamos las palabras para distanciar el origen: no decimos «voy a comer un músculo de vaca muerta», sino «voy a comer un lomo». El animal vivo se borra para que el consumidor no sienta la responsabilidad del sufrimiento. Pero, pensemos que si lo que hay en mi plato luchó por su vida, no es solo mi alimento, es mi víctima.

  2. La mujer como referente ausente: Adams utiliza la interseccionalidad para demostrar que el patriarcado aplica exactamente el mismo mecanismo de cosificación, fragmentación y consumo con las mujeres. Opera mediante la metáfora cruzada —donde en la publicidad y los medios de comunicación, el cuerpo femenino es fragmentado en partes como culos, tetas, bocas o piernas, equiparándolos con piezas de carne listas para el consumo— y mediante el borrado.

Cuando se usa la violencia hacia los animales para bromas o metáforas sexuales, las mujeres reales y su opresión son el referente ausente. Al revés, cuando una mujer es tratada como un pedazo de carne, el animal sacrificado es el que desaparece.

Para ilustrar este cruce, imaginemos una publicidad real: «La cerdita sumisa». El dibujo de una cerda con pestañas largas, lápiz labial y ropa interior erótica en una pose de sumisión, acompañada por la frase: «A esta cerdita le encanta que la domen». ¿Cómo opera aquí la opresión de las mujeres como referente ausente? La violencia real hacia las mujeres desaparece de la discusión porque «es solo un chiste sobre un chancho», mientras el mensaje subliminal instala la narrativa patriarcal de que la víctima feminizada «disfruta» la dominación.

 El sufrimiento de las mujeres maltratadas es la realidad oculta que le da sentido al chiste, pero de la cual nadie habla porque el lenguaje desvió la atención hacia un objeto comestible.

El «borrado» o eliminación del sujeto ocurre cuando el lenguaje y las imágenes interactúan para que olvidemos que allí hubo o hay un ser vivo con voluntad y sentimientos, permitiendo consumirlo sin culpa. Un claro ejemplo es el borrado a través de la antropornografía: la mascota publicitaria sexy.

Pensemos en el logo de una marca de pollo frito que muestra a una gallina con pestañas largas, tacos altos, curvas humanas y una pose seductora, sonriendo mientras sostiene un plato con su propia carne. Allí se borra por completo el sufrimiento, el pánico y la resistencia del animal real en el matadero. Al otorgarle rasgos de una mujer hipersexualizada, la cultura patriarcal transmite el mensaje subliminal de que el animal «desea y consiente» ser sometido y devorado.

Un llamado a romper el silencio

Esta columna va dirigida a las y los colegas periodistas que dejan afuera a las víctimas cuando hacen la cobertura de las rurales; a esos animales explotados, esclavizados, cosificados, abusados, maltratados, confinados, violados, castrados y, claramente, asesinados.

Va dirigida también a las feministas, para que hagan finalmente la conexión entre la explotación de sus propios cuerpos y el paralelismo con la explotación de los cuerpos de los animales no humanos, e indignarse de la misma manera.

A la gente que habla de espiritualidad y de la interconexión que tenemos los humanos con la tierra, para que puedan ver también a los animales no humanos en esa conexión y se planteen la necesidad espiritual —para hablar en sus propios términos— de dejar de alimentarse de violencia.

Y a la militancia que lucha por los más débiles y que se conmueve por las injusticias, para que se hagan preguntas y se respondan de qué lado quieren estar cuando se habla de explotación. Para que ojalá elijan siempre estar del lado de los más débiles. Ese debe ser el rumbo siempre: ¿dónde están los más débiles? Pues hacia allá voy, en su defensa.

Comparte

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *