«Filosofía ante la crisis ecológica», de Marta Tafalla. Algunos comentarios

Por Ana Villaseñor Ovies, pedagoga antiespecista.

¿Y si la solución al especismo y a la profunda crisis ecológica que estamos viviendo estuviera en la filosofía y en la educación?

Hay libros que te transforman, los buenos libros, los que de verdad merecen la pena ser leídos, que solo leyendo el título y la contraportada ya te enganchan. Los consideramos verdaderos tesoros, porque sabemos que nos pueden cambiar la vida o al menos nos alientan a verla de una manera distinta, con otros ojos. Filosofía ante la crisis ecológica (Plaza y Valdés, 2022), escrito por la Doctora en Filosofía Marta Tafalla, es uno de esos libros que te pueden marcar para siempre, como lo hizo conmigo.

Estamos viviendo tiempos caóticos, de tremenda incertidumbre y la filosofía puede llegar a ser una balsa para una pobre náufraga como yo. Como pedagoga antiespecista, estoy convencida de que necesitamos más educación y más filosofía, leer y escuchar a más personas reflexivas como la Dra. Marta Tafalla.

Sí, quizás estás pensando que estoy exagerando, pero espero que mis comentarios acerca de este libro, te hagan cambiar de opinión y te despierten la curiosidad para ir a buscarlo en la primera oportunidad. Empecemos por el índice. Son cinco capítulos que conforman la columna vertebral de toda la obra:

  1. Salir de la burbuja antropocéntrica 
  2. Decrecimiento
  3. Reconexión
  4. Ecofeminismo
  5. Rewilding

Todos los capítulos son interesantísimos. Dime si  acaso no te encandilarías con temas que explican «cómo el resto de animales cuidan el clima y los ecosistemas»; «senderos versus autopistas/carreteras»; «la urgencia de aprender a ir más despacio»; «siete poderosas razones para dejar de comer animales»; «¿de verdad no necesitamos leche?»; «no, la pesca no es alternativa»; «maltratar animales es un boomerang»; «¿en qué consiste salvar a la humanidad?»; «nombrar y honrar nuestra doble dependencia»; «ciencia y filosofía para aprender a convivir en la biosfera»; «reconectar con las otras especies»;»¿y qué hacemos con las llamadas especies exóticas invasoras?»; «rewilding y ética animal». ¡Entre muchos otros temas!

La policrisis que estamos viviendo es enorme, pero nos autoengañamos sobre sus causas. Afirmamos que nuestra función es dominar la naturaleza y que el calentamiento global que estamos provocando es un mero error técnico, que pronto resolveremos con «ingeniería», con «ciencia». Sin embargo, la causa de la crisis ecológica es un problema de fondo, de convivencia. Este planeta está habitado por innumerables especies de animales, plantas, hongos y microorganismos, que se entrelazan de múltiples maneras conformando una biosfera rebosante de fertilidad, diversidad y maravillas. Se estima que en el planeta habitan alrededor de 8.7 millones de especies de seres vivos. Es la forma de vivir de cada especie lo que permite que las demás también puedan vivir. Es el trabajo conjunto, complementario y coordinado de todas ellas lo que sostiene la vida. Pero nuestra especie, en vez de integrarnos en esta maravillosa comunidad y disfrutar de ella, se ha obsesionado con someterla y explotarla. Y si no aprendemos a convivir con las demás especies, no habrá manera de frenar el caos climático y el exterminio de la biodiversidad. Tampoco encontraremos formas de vida saludables, alegres, que nos provoquen esperanza.

Aprender a convivir de forma ética y  sostenible implica transitar de una visión antropocéntrica a una biocéntrica y antiespecista, reconociendo que todos los seres vivos, no solo los humanos, merecen consideración moral. Implica decrecimiento de la actividad humana para que las demás especies se recuperen, pues es la vida salvaje quien sabe regenerar los ecosistemas degradados, curar la biosfera y regalarnos también a nosotras vidas que merezca la pena vivir.

Necesitamos aceptar que somos seres ecodependientes e interdependientes. Reconocer que la Tierra es de todos los seres vivos y que el planeta tiene recursos finitos, por lo que la actividad económica debe ajustarse a la biocapacidad del planeta. Es urgente cuestionar el modelo capitalista actual que nos está llevando a un callejón sin salida. La economía debe ser un medio y no un fin. Esto es, un motor transformador al servicio del bien común, de las personas (humanas y no humanas), así como de la sostenibilidad de la vida.

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