Por Aída Jiménez. Pedagoga, activista antiespecista
Después de treinta años, la persona con quien estuve casada tuvo la necesidad de ser libre. Ante la disyuntiva de “me muero, o me repongo”, decidí que la segunda era la mejor opción. Seguro algunas de ustedes me entenderán. Fue un proceso difícil, pero por fortuna, conté con cinco pilares fundamentales que me dieron sostén y me permitieron transformar un dolor casi insoportable, en una oportunidad de volver a encontrar el sentido de la vida.
- La práctica budista. Durante más de tres décadas he hecho un gran esfuerzo por transformar mi mente. Por entender de manera vivencial que la insatisfacción o el sufrimiento son una constante en nuestra vida; que tal insatisfacción proviene de causas, esto es que la felicidad proviene de acciones positivas (que ayudan a otros seres) y el sufrimiento de acciones negativas (que los dañan); que esas causas pueden ser transformadas; y que el camino de las enseñanzas budistas (en el que la meditación tiene un papel central) enseña cómo hacerlo. Así que, de golpe, me enfrenté al hecho de haber generado causas para dejar de ser amada y ante la oportunidad de “purificarlas”, reconociéndolas de frente con valentía, arrepintiéndome de ellas, sin culpa y determinándome a nunca más volver a repetirlas. Ni en esta, ni en ninguna otra de mis vidas.
- Las amigas. Ellas me proporcionaron cariño, me infundieron confianza, se mantuvieron cerca, me dieron aliento y, sobre todo, me enseñaron que el dolor es transitorio, por muy difícil que parezca, especialmente al principio.
- El tratamiento psicológico. En ese espacio seguro pude trabajar de la mano de mi terapeuta, no sin dificultad, todas las emociones que se me agolpaban de manera confusa y violenta. La desolación, la tristeza, la rabia, el enojo, la frustración.
- La Comunicación Noviolenta esta metodología me sigue enseñando a distinguir y a hacerme responsable de lo que pienso, lo que siento y lo que necesito. He aprendido a no responsabilizar a los demás de mi felicidad y a comunicarme de una forma pacífica, teniendo en cuenta las necesidades de mis interlocutores. No siempre me sale bien, pero lo intento todos los días.
- El veganismo antiespecista. Dejo al último este aspecto, no porque sea el menos importante de todos, sino porque es la cereza en el pastel. Lo que corona y expande las causas de mi felicidad. Me refiero a la postura ético-política que nos invita a cuestionar el papel supremacista del ser humano por sobre todas las especies; que nos previene de discriminar a las personas no humanas; que expande el círculo moral hacia todos los demás animales; por cuyos principios no consumo el cuerpo, ni los fluidos de otros seres. Es esta perspectiva de la vida, la que me genera una profunda satisfacción mental de no dañar a otros seres y que, de manera tangencial, me mantiene saludable. Y es esta aproximación a la existencia la que me permite volver al punto de partida, para formular la aspiración que me repito constantemente: “que mi divorcio constituya una separación de todas aquellas acciones que hayan causado daño a cualquier ser vivo en esta, o en alguna otra vida. Que, a través de este proceso, pueda liberarme de todas las negatividades generadas desde tiempos sin principio. Y que pueda tener una vida plena y feliz para poder beneficiar siempre a todos los seres, humanos y no humanos. Y que, gracias a esto, eventualmente pueda reconocer la naturaleza clara, abierta y luminosa de mi mente.”
Y tú, ¿de qué te separas cuando te divorcias? ¿Cuáles son los recursos con los que tú cuentas para separarte de las causas de la infelicidad? ¿Es necesario divorciarnos para separarnos de ellas?

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