{"id":2661,"date":"2026-07-27T00:09:03","date_gmt":"2026-07-27T06:09:03","guid":{"rendered":"https:\/\/redveganasantiespecistas.com\/?p=2661"},"modified":"2026-07-27T00:09:04","modified_gmt":"2026-07-27T06:09:04","slug":"animales-no-humanos-victimas-en-tiempos-de-paz-y-de-guerra-annamaria-manzoni-26-de-junio-de-2026","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redveganasantiespecistas.com\/index.php\/2026\/07\/27\/animales-no-humanos-victimas-en-tiempos-de-paz-y-de-guerra-annamaria-manzoni-26-de-junio-de-2026\/","title":{"rendered":"Animales no humanos: v\u00edctimas en tiempos de paz y de guerra. Annamaria Manzoni. 26 de junio de 2026"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Traducci\u00f3n del italiano: Catalina Valenzuela Gonz\u00e1lez<\/h2>\n\n\n\n<div style=\"height:28px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">\u00abTodo est\u00e1 relacionado, y nuestro rechazo a la violencia<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">de las sociedades organizadas y del hombre contra el hombre<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">\u00a0debe extenderse a la del hombre contra la naturaleza, <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">del hombre contra las dem\u00e1s especies vivas\u00bb (Goffredo Fofi)<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:19px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablar de la victimizaci\u00f3n de los animales en la guerra implica hablar de ellos como v\u00edctimas tambi\u00e9n en tiempos de paz y lleva a considerar c\u00f3mo su situaci\u00f3n es tan similar a la de los m\u00e1s desfavorecidos entre los humanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hace falta explicitar la afirmaci\u00f3n que considera a los animales v\u00edctimas tambi\u00e9n en tiempos de paz, v\u00edctimas de la violencia desmesurada que es la constante de nuestra interacci\u00f3n con ellos, ya que, frente a los muy pocos a los que cuidamos con amor, hay cientos de miles de millones a los que atormentamos incluso en tiempos de paz: los matamos, los comemos, los diseccionamos vivos, los encarcelamos, los cazamos, los pescamos, los sometemos, los extinguimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este panorama devastador, no es de extra\u00f1ar que su situaci\u00f3n empeore en tiempos de guerra, cuando la m\u00e1s inhumana de todas las actividades humanas celebra la apoteosis de nuestra violencia potencial contra todo y contra todos, dando rienda suelta incluso a los comportamientos m\u00e1s inaceptables que, de vergonzosos que eran, pasan a ser l\u00edcitos o incluso objeto de elogio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy en d\u00eda, el tema es m\u00e1s relevante que nunca en nuestras mentes, dada la frecuencia con la que nos llegan noticias desde Ucrania, Gaza, Ir\u00e1n, L\u00edbano\u2026 Lugares que no son m\u00e1s que la punta del iceberg de una violencia institucionalizada, ya que el ACLED (Armed Conflict Location &amp; Event Data Project, una ONG dedicada a monitorizar la evoluci\u00f3n de los conflictos) nos informa que, en todo el mundo, hay actualmente unos 60 conflictos activos en lugares de los que a menudo sabemos poco o nada, y de los que a veces nos cuesta incluso localizarlos en el mapa. Si la amplitud geogr\u00e1fica asusta, tampoco consuela, desde luego, su extensi\u00f3n temporal, ya que las guerras han sido una constante en nuestra historia, que solo ha conocido 29 a\u00f1os (\u00a1no consecutivos!) de paz, seg\u00fan las reconstrucciones de Chris Hedges recogidas en su libro <em>El oscuro encanto de la guerra<\/em>, t\u00edtulo que, por cierto, resulta sumamente evocador a la hora de recordar la atracci\u00f3n que la guerra ha seguido ejerciendo a lo largo de los milenios sobre nuestra especie, \u00fanica entre todas las dem\u00e1s. O al menos, considerada como tal hasta hace no mucho tiempo, cuando Jane Goodall, primat\u00f3loga que hab\u00eda dedicado su vida a estudiar a los chimpanc\u00e9s en su h\u00e1bitat natural de Tanzania, comenz\u00f3 a percibir con asombro y dolor que tambi\u00e9n entre ellos se produc\u00edan din\u00e1micas destructivas asimilables a las b\u00e9licas, una intuici\u00f3n recientemente retomada y confirmada por los et\u00f3logos. Los chimpanc\u00e9s, casualmente, son la especie m\u00e1s cercana a nosotros que ninguna otra, ya que compartimos el 98,8 % de las secuencias de ADN.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s all\u00e1 de toda ret\u00f3rica que ensalza (de mala fe) el valor, la virilidad y diversos actos heroicos, toda guerra es un escenario inagotable de muerte, destrucci\u00f3n, dolores indescriptibles y desastres tanto f\u00edsicos como ps\u00edquicos. Incluso los soldados, que son los llamados \u2014pero a menudo obligados\u2014 a ser sus protagonistas y los ejecutores materiales de los peores cr\u00edmenes, son muy a menudo v\u00edctimas adem\u00e1s de verdugos, incapaces de escapar y obligados a convertirse en lo que nunca habr\u00edan querido ni imaginado, a mil millas de distancia del deseo de luchar e infligir un dolor similar al que ellos mismos sufren, ansiosos \u00fanicamente por volver al lugar donde se sienten amados, a la vida de siempre, a las peque\u00f1as costumbres de anta\u00f1o que ahora se han convertido en un sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n los animales no humanos sufren un dolor indescriptible, una desorientaci\u00f3n absoluta y un terror generalizado: desde siempre han sido soldados reclutados sin saberlo, destinados a convertirse en v\u00edctimas desconocidas y de las que nunca se echar\u00e1 de menos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por el contrario, es una especie de obligaci\u00f3n moral intentar darles la visibilidad que les corresponde; ocuparnos de ellos se convierte tambi\u00e9n en un observatorio privilegiado de nuestra relaci\u00f3n con ellos, de nuestra necesidad de su presencia y, al mismo tiempo, de la abismal asimetr\u00eda de esta relaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Soldados inconscientes<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los animales son reclutados a la fuerza en las guerras que, en cambio, deber\u00edan ser un asunto exclusivamente nuestro: hay una reciente declaraci\u00f3n del primer ministro brit\u00e1nico Starmer quien, refiri\u00e9ndose a la voluntad de no intervenir en la situaci\u00f3n del Golfo, sentenci\u00f3: \u00abNo es nuestra guerra\u00bb, frase que se ha convertido en una especie de mantra repetido por las naciones que no tienen intenci\u00f3n de entrar en conflictos que consideran ajenos a sus intereses. He aqu\u00ed la cuesti\u00f3n: cualquier animal no humano, reclutado a su pesar, si tuviera palabras para expresarlo, tendr\u00eda derecho a declarar lo mismo: no es nuestra guerra. Por desgracia, nos conviene seguir haciendo caso omiso de la forma en que nos lo comunican.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, entre los muchos episodios, hay uno que nadie ignora: se trata de An\u00edbal, quien en el siglo III a. C. cruz\u00f3 los Alpes con elefantes, una haza\u00f1a que ha pasado a formar parte de todos los libros de texto desde primaria gracias al colorido con que se narraba, contada como una gran aventura, sin que se planteara ninguna cr\u00edtica ni duda sobre aquello a lo que se obligaba a los elefantes: ellos, seres absolutamente gregarios, acostumbrados a una intensa vida social con fuertes lazos afectivos, hab\u00edan sido capturados en \u00c1frica, en sus territorios naturales, esclavizados y obligados a un viaje de miles de kil\u00f3metros hasta el fr\u00edo de los Alpes. Ahora sabemos que, de los 37 animales con los que An\u00edbal parti\u00f3, solo uno sobrevivi\u00f3 un a\u00f1o antes de morir: todos los dem\u00e1s sucumbieron durante el primer invierno a causa del hambre, el fr\u00edo y las heridas, obligados a recorrer un camino fatal. Pero de todo esto no se hablaba en los libros, y la historia de An\u00edbal cruzando los Alpes con los elefantes se ha planteado como un relato mitificado sobre las haza\u00f1as del caudillo cartagin\u00e9s. Una gran oportunidad perdida para sensibilizar a los m\u00e1s j\u00f3venes sobre la terrible injusticia que se comete contra esa maravilla de la naturaleza que son los elefantes y para movilizar reacciones de indignada empat\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La historia de los elefantes-soldados es una de las m\u00e1s crueles, ya que en numerosas ocasiones ha ido acompa\u00f1ada de comportamientos de un cinismo inconcebible, como el de los cerdos a los que se prend\u00eda fuego porque sus gritos de dolor, inhumanos, asustaban tanto a los paquidermos que les provocaban la huida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por desgracia, al igual que los soldados que no pueden elegir, los animales llevan al menos 45 siglos vi\u00e9ndose obligados a participar en operaciones b\u00e9licas: al menos 45 siglos porque sabemos, por ejemplo, que los asirios ya utilizaban caballos desde el a\u00f1o 2000 a. C. Desde entonces, ninguna guerra parece haber respetado a ninguna especie animal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los caballos, en particular, han estado omnipresentes en los campos de batalla desde los siglos antes de Cristo, pasando por la Edad Media y la Edad Moderna, hasta las guerras mundiales del siglo XX. Una amplia filmograf\u00eda nos los ha mostrado sumidos en un estado de terror absoluto frente al ej\u00e9rcito enemigo (enemigo de sus amos humanos, desde luego no de ellos) en terribles combates cuerpo a cuerpo, entre relinchos aterradores; los hemos visto desplomarse heridos con las entra\u00f1as sali\u00e9ndoles del abdomen, abandonados a morir en el suelo sin el m\u00e1s m\u00ednimo consuelo. Y su presencia, tan omnipresente, ha acabado normaliz\u00e1ndose; sus relinchos asustados, m\u00fasica de fondo de cada batalla, nunca han sido objeto de cr\u00edticas. Los recientes sucesos de Roma, cuando, durante los preparativos de la Fiesta de la Rep\u00fablica, los fuegos artificiales lanzados imprudentemente por un carabinero los aterrorizaron hasta el punto de hacerlos huir en medio del tr\u00e1fico urbano, nos dicen mucho de lo que debieron de haber sentido en medio del estruendo ensordecedor de batallas aterradoras: un veterinario explic\u00f3 que se trata de animales extremadamente sensibles a los ruidos. No hay nada m\u00e1s que a\u00f1adir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hay nada m\u00e1s que a\u00f1adir, salvo que nuestras ciudades albergan, con orgullo, varios cientos de monumentos ecuestres, que constituyen un himno a los caballeros armados \u2014y, por tanto, a la guerra\u2014 y, al mismo tiempo, celebran la sumisi\u00f3n de los caballos, que aparecen en la representaci\u00f3n como nada m\u00e1s que una especie de accesorio, de heroica belleza, para el caudillo de turno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Junto a ellos se utilizaron muchas otras especies animales: perros, mulos, palomas mensajeras, camellos y elefantes fuera de Europa, cada una de ellas aprovechada por sus propias caracter\u00edsticas. Basta decir que durante la Primera Guerra Mundial se utilizaron y murieron al menos 11 millones de \u00e9quidos, caballos y mulos, explotados hasta el agotamiento para transportar v\u00edveres, ametralladoras y todo tipo de material b\u00e9lico, y que, al final, fueron sacrificados y consumidos. Por su parte, al menos 200,000 palomas fueron utilizadas para llevar mensajes, aprovechando sus enormes habilidades como \u00abviajeras\u00bb y acabando, en muchos casos, alcanzadas por el fuego \u00abenemigo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ni siquiera los perros se libraron: tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial fueron reclutados a la fuerza, capturados \u2014o quiz\u00e1 ser\u00eda mejor decir \u00absustra\u00eddos\u00bb\u2014 de todas partes, hasta tal punto que se hablaba de un servicio militar obligatorio para emplearlos en el transporte de heridos, adiestrados para buscar a los muertos y para transportar enseres diversos. Pero, muy a menudo, se les convert\u00eda en bombas vivientes: atados a cargas explosivas, se les empujaba contra las alambradas, donde se les hac\u00eda explotar. En la Segunda Guerra Mundial, adiestrados para recibir comida \u00fanicamente bajo los veh\u00edculos blindados, se les dejaba en ayunas para que, hambrientos, estuvieran listos para meterse bajo los veh\u00edculos blindados enemigos y all\u00ed se les hiciera explotar. En lo que parece un desprecio extremo, se les llamaba \u00abperros suicidas\u00bb, a pesar de que, sin duda, en su comportamiento no hab\u00eda ninguna intenci\u00f3n suicida, sino solo el impulso de obedecer las \u00f3rdenes, sin ser conscientes del final al que estaban destinados. Y un pensamiento doloroso va dirigido a los ni\u00f1os y ni\u00f1as a quienes, seg\u00fan hemos sabido recientemente, se les ha infligido un destino similar en Ir\u00e1n, Nigeria, Irak y Afganist\u00e1n: se les llamaba \u00abm\u00e1rtires\u00bb, atribuy\u00e9ndoles tambi\u00e9n una intenci\u00f3n autodestructiva, casi como si fueran portadores de una elecci\u00f3n consciente de autoinmolaci\u00f3n; en realidad, v\u00edctimas de la oscuridad de la raz\u00f3n, que ensombrece dram\u00e1ticamente la \u00e9tica de nuestros tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los \u00abperros suicidas\u00bb y los \u00abni\u00f1os m\u00e1rtires\u00bb son mistificaciones ling\u00fc\u00edsticas que sirven a los mandantes para eximirse de responsabilidad: y son ejemplos aterradores de c\u00f3mo los m\u00e1s fr\u00e1giles y d\u00e9biles, humanos y no humanos, son las v\u00edctimas elegidas para las acciones m\u00e1s devastadoras. Sin olvidar a los soldados de primera l\u00ednea, obligados a lanzarse hacia una muerte segura: al fin y al cabo, siempre habr\u00e1 una medalla, entregada a la familia al son conmovedor del himno nacional, para certificar como valor y sacrificio la trampa mortal en la que tuvieron que abandonar su joven vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Amistades interespec\u00edficas desequilibradas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En todo esto hay que destacar un fen\u00f3meno particular, atestiguado por fotograf\u00edas y diarios que datan sobre todo de la Primera Guerra Mundial, una guerra de trincheras, por lo tanto sedentaria. Se trata del papel de amistad que muchos animales \u2014perros, caballos, mulos\u2014 acabaron desempe\u00f1ando, un papel de suma importancia para los soldados que viv\u00edan una situaci\u00f3n de extrema dramatismo, miedo, soledad y lejan\u00eda de sus seres queridos. Los animales eran capaces de despertar sentimientos de ternura, muy valiosos en medio de la carnicer\u00eda, donde parec\u00eda haberse perdido hasta la m\u00e1s m\u00ednima pizca de humanidad y era la animalidad la que la recuperaba: en definitiva, presencias vitales tambi\u00e9n en t\u00e9rminos de apoyo emocional, capaces de crear fuertes v\u00ednculos en una especie de hermandad interespec\u00edfica. La presencia de un animal, al que dedicar afecto y cuidados, actuaba como ant\u00eddoto contra la desesperaci\u00f3n y el miedo, y devolv\u00eda a los soldados el sentido de su propia humanidad, que hab\u00eda sobrevivido a pesar del embrutecimiento cotidiano. Los soldados percib\u00edan la enorme distancia entre la inocencia de los animales y la crueldad de los hombres; y esta conciencia les permit\u00eda dejar aflorar a veces, frente a los no humanos, esa afectividad y esas emociones que el miedo a mostrar su propia fragilidad les imped\u00eda manifestar ante otros hombres. Los diarios que han llegado hasta nosotros hablan, por ejemplo, del dolor de un oficial por la muerte de una perrita, un dolor que afloraba con mayor facilidad que la angustia por la muerte colectiva de los hombres. O de quien afirmaba que no hab\u00eda nada que conmoviera tanto el coraz\u00f3n como la visi\u00f3n de un animal moribundo o mortalmente herido: algo verdaderamente desgarrador si se piensa que esta sensibilidad encontraba la manera de aflorar desde lo m\u00e1s profundo en medio de las peores matanzas humanas. Se trataba, en realidad, de una forma de duelo por la muerte de un animal propio, a la que solo hoy, un siglo despu\u00e9s, por fin se empieza a reconocer su lugar en la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una bonita f\u00e1bula, sin duda, pero sin final feliz: al t\u00e9rmino de la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, varios cientos de perros fueron abandonados en el Adamello, en el momento de la dispersi\u00f3n del ej\u00e9rcito. No solo abandonados, sino que incluso los dejaron atados a la cadena y, por lo tanto, condenados a una muerte lenta y atroz. Ser\u00eda bonito poder pensar que se trat\u00f3 de un hecho aislado, pero, en realidad, la misma din\u00e1mica de abandono ya hab\u00eda tenido lugar en Libia en 1912: los perros fueron abandonados en suelo africano cuando los soldados italianos se marcharon, y su destino s\u00f3lo podemos imaginarlo. Y no es algo que se pueda relegar a un pasado lejano que hay que olvidar, ya que, en los a\u00f1os 70, fueron las tropas estadounidenses las que abandonaron en Vietnam a los 5,000 perros utilizados durante la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ciertamente: se trata de comportamientos que hay que contextualizar teniendo en cuenta la gravedad de los momentos, pero que, en cualquier caso, son reveladores del total desprecio que se atribu\u00eda a los animales: lo que se estaba haciendo era l\u00edcito, no conllevaba el riesgo de ninguna sanci\u00f3n, ni siquiera moral, salvo, cabe imaginar, el sentimiento de culpa de al menos algunos soldados. Sin duda, el v\u00ednculo hab\u00eda sido fuerte, pero su fuerza nunca prevaleci\u00f3 sobre el deber de obedecer a las \u00f3rdenes superiores ni, mucho menos, sobre la desesperaci\u00f3n por huir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Cifras estimadas aterradoras<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A los animales, antes y durante las guerras, se les han infligido tambi\u00e9n tratos verdaderamente inconcebibles, entre los que cabe recordar el conocido como el \u00abholocausto de las animales dom\u00e9sticos\u00bb de 1939: en los d\u00edas posteriores a la declaraci\u00f3n de guerra, en una Gran Breta\u00f1a en la que el cari\u00f1o por las animales dom\u00e9sticos ya estaba muy extendido, hasta el punto de que exist\u00edan cl\u00ednicas veterinarias y tiendas para su aseo, se sacrificaron alrededor de 750,000 animales denominados \u00abde compa\u00f1\u00eda\u00bb, sobre todo perros y gatos: el Gobierno hab\u00eda difundido, no \u00f3rdenes, sino recomendaciones del tipo de que, si no se pod\u00edan evacuar los animales, era mejor sacrificarlos, ya que sufrir\u00edan por falta de comida o a causa de los bombardeos. Fueron much\u00edsimas las personas que acataron la petici\u00f3n, hasta tal punto que se formaron largas colas frente a las cl\u00ednicas veterinarias a las que se llevaba a los animales para ser sacrificados. Se trat\u00f3 de una reacci\u00f3n masiva dictada por el miedo, por la fuerza de la propaganda y por las condiciones de la guerra, que no dej\u00f3 de provocar sentimientos de culpa y verg\u00fcenza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algo similar, en cierto modo a\u00fan m\u00e1s tr\u00e1gico, tuvo lugar en Tokio en 1943, cuando el Gobierno japon\u00e9s orden\u00f3 a la poblaci\u00f3n (esta vez no se trat\u00f3 de un consejo, sino de una orden) que matara a todos los animales dom\u00e9sticos, ya fuera haci\u00e9ndolo personalmente o entreg\u00e1ndolos a las autoridades: la medida se justific\u00f3 por la escasez de alimentos y el peligro que pod\u00edan suponer los animales asustados por los bombardeos. Fue un acontecimiento muy impopular y traum\u00e1tico, en el que subyac\u00eda un clima de sacrificio, el llamamiento de las autoridades a la necesidad de que, en tiempos de guerra, todos estuvieran dispuestos a pagar un precio personal, ya fueran humanos o no humanos. M\u00e1s all\u00e1 de la crudeza de la decisi\u00f3n, no se puede dejar de subrayar la brecha entre la habitual desvalorizaci\u00f3n de los animales y su falta de derechos, y la repentina equiparaci\u00f3n con los humanos a la hora de hacerles pagar por culpas no cometidas, atribuy\u00e9ndoles una \u00e9tica que normalmente se les niega.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Los zool\u00f3gicos: entornos de un peligro espec\u00edfico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y luego est\u00e1n los zool\u00f3gicos, que merecen un an\u00e1lisis aparte porque constituyen una realidad aparte. Si en el pasado estaban poblados por animales ex\u00f3ticos, orgullosos botines de guerra, motivo de orgullo de los vencedores, de cuya supremac\u00eda daban testimonio, tambi\u00e9n en la actualidad celebran el dominio del ser humano sobre todas las dem\u00e1s especies, enjaulados o recluidos como est\u00e1n. Al estallar las guerras, cuando escasea la comida y se hace real el peligro de que los animales, enloquecidos por el miedo, se escapen y aterroricen a la poblaci\u00f3n, el orgullo de exhibirlos da paso r\u00e1pidamente a soluciones mucho m\u00e1s pragm\u00e1ticas: evacuar a los pocos que sea posible evacuar, reclutar a algunos (por ejemplo, elefantes) y matar a todos los dem\u00e1s, a menudo para convertirlos luego en alimento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Son muchos los lugares donde la historia se ha repetido: por ejemplo, el zool\u00f3gico de Berl\u00edn, donde solo se salvaron 91 de los 3,000 animales que all\u00ed estaban encerrados durante la Segunda Guerra Mundial. O el de Varsovia, que se hizo famoso gracias a una pel\u00edcula de 2017, \u00abLa se\u00f1ora del zool\u00f3gico de Varsovia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero en un peque\u00f1o libro casi desconocido, con un t\u00edtulo cautivador, <em>Esta vida,<\/em> sin embargo, me pesa mucho, de Edoardo Franzosini, que describe la masacre planificada y met\u00f3dica llevada a cabo en el zool\u00f3gico belga de Amberes en agosto de 1914, ordenada por las autoridades, que dictaminaron que todos los animales del zool\u00f3gico deb\u00edan ser sacrificados en un plazo de 48 horas. Los osos ya hab\u00edan sido eliminados porque su corpulencia, tan interesante en otros momentos, se hab\u00eda convertido en un estorbo. A continuaci\u00f3n, la \u00abaterradora tarea\u00bb, como la llama Franzosini, se conf\u00eda a la eficiencia de un pelot\u00f3n de ejecuci\u00f3n de 50 hombres, armados con fusiles Mauser de repetici\u00f3n con bayoneta acoplada. Se empieza por las aves, que, al ver a los soldados, graznan como locas y se estrellan contra las redes de las jaulas. El aire se llena de disparos, pero tambi\u00e9n de los gritos in\u00fatiles de las aves, del ruido de sus picos contra las redes de las jaulas, sin que haya escapatoria para nadie. Luego le toca el turno al elefante, de cuya muerte se encargan diez soldados dispuestos en dos filas: los de delante arrodillados y los de atr\u00e1s de pie, porque \u00e9l, pobrecito, no consigue morir. Y se sigue con todos los dem\u00e1s, utilizando para las ant\u00edlopes solo la bayoneta, porque con ellas es f\u00e1cil. Franzosini no nos ahorra la agon\u00eda de muchas horas del rinoceronte y, finalmente, la s\u00f3rdida historia concluye con los monos, dejados para el final, tal vez porque su parecido con los humanos no facilita la tarea. La matanza, llevada a cabo con precisi\u00f3n, resulta ser una especie de anticipo de la que continuar\u00e1 durante a\u00f1os en las trincheras, donde millones de seres humanos no tendr\u00e1n escapatoria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si bien se trata de un relato del pasado, es f\u00e1cilmente aplicable al presente con solo modificar las coordenadas geogr\u00e1ficas, para llegar, por ejemplo, al zool\u00f3gico de Bagdad, en Irak, donde de los 700 animales solo sobrevivieron unas pocas decenas, a las que se dedic\u00f3 un gran esfuerzo para curarlas de los traumas sufridos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como es bien sabido, la historia ense\u00f1a, pero los estudiantes no aprenden: una vez terminada la tragedia con la terrible muerte de todos los animales, a nadie se le pas\u00f3 por la cabeza que los zool\u00f3gicos deb\u00edan cerrarse por ser lugares de cautiverio e injusticia, a punto de estallar en momentos de dificultad. Es m\u00e1s: a\u00fan hoy las noticias resuenan con situaciones que rozan lo grotesco: precisamente el pasado mes de marzo, se sacrificaron 10 babuinos en el zool\u00f3gico de Z\u00farich, porque se consider\u00f3 que su n\u00famero era demasiado elevado en relaci\u00f3n con el resto de su especie y, por lo tanto, capaz de desencadenar una din\u00e1mica de grupo inestable en la manada de 48 animales. A\u00f1os antes, en 2014, la opini\u00f3n p\u00fablica se indign\u00f3 por la matanza, en el zool\u00f3gico de Copenhague, del peque\u00f1o jirafa Marius, de solo 18 meses, cuyo \u00fanico \u00abdelito\u00bb era ser un animal de m\u00e1s respecto a las necesidades del zool\u00f3gico. En aquel caso, no falt\u00f3 el desprecio adicional de diseccionarlo p\u00fablicamente y d\u00e1rselo de comer a los leones, ante un p\u00fablico entre el que tambi\u00e9n hab\u00eda ni\u00f1os. Que las autoridades hablaran de un prop\u00f3sito educativo no puede sino dejarnos at\u00f3nitos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La misma suerte corren los m\u00e1s desamparados<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Son much\u00edsimos los animales que quedan bajo los escombros junto a los humanos; los heridos que no tienen forma de ser atendidos, los que mueren por falta de comida, al igual que los perros y gatos llevados a los refugios y abandonados all\u00ed para que mueran de hambre y sed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una entrevista incluida en el libro de investigaci\u00f3n <em>Ni\u00f1os de zinc<\/em>, de Svetlana Aleksievich, Premio Nobel de Literatura en 2015, que repasa la guerra de los rusos en Afganist\u00e1n (1979-1989) a trav\u00e9s de los relatos de los veteranos, recoge el testimonio de un soldado que recuerda c\u00f3mo los animales tampoco se libraban de las represalias: como cuando, tras detener una caravana que transportaba armas, se separ\u00f3 a los hombres por un lado y a los asnos y mulos por otro, y todos esperaron la muerte en silencio. Hasta que los gritos de un asno herido le atravesaron los o\u00eddos y el coraz\u00f3n. O el sue\u00f1o que persigue como una pesadilla a otro veterano que vuelve a o\u00edr los lamentos de los perros detectores de minas. Tambi\u00e9n ellos ten\u00edan sus muertos y heridos. Yac\u00edan cerca unos de otros, muertos. Hombres sin piernas. Perros sin patas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por si no bastara con la carnicer\u00eda diaria, no faltan, desde luego, los episodios de animales sometidos a todo tipo de maltratos, o asesinados a prop\u00f3sito a tiros o envenenados en las calles como desprecio hacia la poblaci\u00f3n: es posible que se ataquen deliberadamente refugios, granjas, zool\u00f3gicos, y que se lleven a cabo matanzas por pura crueldad, en desprecio hacia la poblaci\u00f3n. La crueldad, que tan a menudo caracteriza nuestra relaci\u00f3n con ellos incluso en tiempos de paz, se amplifica desmesuradamente en los territorios en guerra, donde la violencia parece ser el \u00fanico modelo de relaci\u00f3n posible y se legitima m\u00e1s que nunca cuando a nuestro alrededor se han desvanecido todos los escr\u00fapulos morales. No es de extra\u00f1ar, por otra parte, ya que durante las guerras se produce un colapso total de todos los frenos morales, dado que la repetici\u00f3n continua de la violencia desata otros impulsos oscuros, que desembocan en actos gratuitos contra cualquiera, normalmente seres humanos, pero \u00bfpor qu\u00e9 no? tambi\u00e9n animales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La caza y la guerra: cambian las v\u00edctimas, pero no siempre<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como se lee en el libro <em>El buen soldado mulo<\/em>, esta habituaci\u00f3n a la violencia y a la crueldad se vuelve a veces tan generalizada que, en los momentos m\u00e1s tranquilos, los soldados deciden ocupar el tiempo en frecuentes partidas de caza, a modo de distracci\u00f3n, convirtiendo as\u00ed a los animales en nuevas v\u00edctimas del ambiente b\u00e9lico. En los diarios se leen frases del tipo \u00abla guerra es una gran aventura, una partida de caza en la que las presas, en lugar de las habituales zorras o patos, eran seres humanos\u00bb (p\u00e1g. 19). \u00abLas frecuentes partidas de caza serv\u00edan para pasar el tiempo, ahuyentar el aburrimiento y enriquecer la mesa\u00bb. En definitiva, el clima de violencia que caracteriza a toda guerra se expande desmesuradamente, crea adicci\u00f3n, tendencia a la repetici\u00f3n y el colapso de los frenos morales: si matar es lo que se exige, se hace sin ning\u00fan tipo de reparo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y habr\u00eda mucho que argumentar sobre la fr\u00e1gil frontera que separa la caza de la guerra, otorgando a la caza el significado que le es propio como actividad s\u00e1dica, fuente de placer ante el sufrimiento infligido, ejercicio de dominio cruel, algo muy distinto de una actividad deportiva, ya que se sustenta y se alimenta del gusto por matar provocando primero terror y luego dolor extremo. La frontera con el asesinato de seres humanos viene establecida \u00fanicamente por las normas sociales que, en tiempos de paz, consideran que matar a un ser humano es un acto penalmente punible, mientras que matar a un animal es una actividad l\u00edcita e incluso placentera. En tiempos de guerra, esta frontera se derrumba. Hechos recientes de actualidad informan de c\u00f3mo, durante la guerra en la Ex Yugoslavia, algunos cazadores italianos, profesionales de prestigio, se sintieron autorizados a matar ya no a animales, sino a hombres, mujeres y, \u00bfpor qu\u00e9 no?, ni\u00f1os. Pagando por su placer, seg\u00fan una lista de precios obscena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Algo positivo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En busca de un punto de apoyo a una idea de humanidad que se encuentra a la deriva, la atenci\u00f3n de muchos se ha centrado en estos \u00faltimos a\u00f1os en algunas noticias tranquilizadoras, difundidas por los medios de comunicaci\u00f3n: por ejemplo, ha sido reconfortante conocer el compromiso y la abnegaci\u00f3n de asociaciones y voluntarios (un nombre que destaca entre todos es el de Andrea Cisternino, que se qued\u00f3 en Ucrania para no abandonar su refugio, donde a\u00fan hoy acoge a cientos de animales), que desde el inicio de la guerra est\u00e1n haciendo todo lo posible por prestarles socorro, tratando de proporcionarles comida y curar a los heridos, arriesgando sus propias vidas. Y han conmovido las im\u00e1genes de personas obligadas a huir de Ucrania, al igual que de Gaza, llev\u00e1ndose consigo a su perro o a su gato. Un testimonio de una nueva perspectiva que incluye en el concepto de familia tambi\u00e9n a los no humanos, que, por lo tanto, acaban formando parte de ella a todos los efectos:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El fen\u00f3meno ha impactado a la opini\u00f3n p\u00fablica por su magnitud y porque, seg\u00fan nos dicen los historiadores, no se hab\u00eda registrado nada parecido en las situaciones desesperadas de guerras anteriores. Ciertamente, como fen\u00f3meno digno de consideraci\u00f3n es cierto, pero si se indaga en las experiencias individuales, se descubre que hay algo antiguo en su interior, hay quien ya hab\u00eda experimentado de antemano la desesperaci\u00f3n que supone el abandono de su perro o su gato, cuando a\u00fan no era posible hablar de ello porque se trataba de un amor no reconocido, al que no se le conced\u00eda derecho a la ciudadan\u00eda, del que casi hab\u00eda que avergonzarse en el escenario de la absoluta obscenidad b\u00e9lica. Se encuentra un testimonio desgarrador de ello en un documental de hace unos a\u00f1os con un t\u00edtulo m\u00e1s que emblem\u00e1tico, \u00abNot a time for children\u00bb (No es tiempo para ni\u00f1os): una mujer muy anciana, en una Ucrania marcada por inmensos sufrimientos hist\u00f3ricos, repasa todas las atrocidades que ha presenciado a lo largo de su historia personal, desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial en su pa\u00eds. Pero una desesperaci\u00f3n incontenible la invade en el momento en que cuenta la huida de su familia en los vagones, mientras su perro Rex intentaba seguirles corriendo con gran esfuerzo, y ella y su hermano peque\u00f1o suplicaban en vano a su padre que lo llevara con ellos: ve a Rex atropellado y herido, llorando mientras yace moribundo a un lado de la carretera: tras 70 a\u00f1os y tantas ignominias vistas y sufridas, nunca m\u00e1s ha vuelto a sentir una desesperaci\u00f3n tan poderosa, un dolor tan absoluto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que hoy en d\u00eda muchos intentan hacer, en parte porque cuentan con el respaldo de una cultura y un sentido com\u00fan que lo autorizan y lo valoran, probablemente siempre ha existido sin ser reconocido y tal vez haya sido prerrogativa del colectivo de personas a las que menos se escucha: los ni\u00f1os, quienes, con la dram\u00e1tica p\u00e9rdida de su animal de compa\u00f1\u00eda, han sufrido traumas de enorme impacto, por muy poco reconocidos que sean.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volviendo a la situaci\u00f3n actual de las guerras que conocemos, esto no es m\u00e1s que una peque\u00f1a parte de la realidad: es enorme el n\u00famero de animales que han sido abandonados por quienes hu\u00edan, y son desgarradores los videos de los perros que deambulaban por las inmediaciones de las estaciones de tren ucranianas: probablemente siguen esperando a sus compa\u00f1eros, que partieron de la estaci\u00f3n hacia qui\u00e9n sabe d\u00f3nde. Algo parecido a lo que hizo el perro Hachico en la historia real que luego se convirti\u00f3 en una pel\u00edcula, interpretada por Richard Gere, un perro que permaneci\u00f3 durante a\u00f1os frente a la estaci\u00f3n donde vio entrar por \u00faltima vez a su compa\u00f1ero humano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La muerte de los animales como da\u00f1os colaterales<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se ha prestado muy poca atenci\u00f3n a la muerte de muchos miles de delfines en el mar Negro, a causa de los sonares militares utilizados por buques y submarinos rusos, que da\u00f1an su audici\u00f3n: se desorientan, se estrellan contra las rocas y ya no pueden buscar alimento. Es su muerte, pero al mismo tiempo la destrucci\u00f3n de todo el ecosistema del mar Negro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es la modernizaci\u00f3n de las guerras, que sigue utilizando a los animales como instrumentos sacrificables, modificando sus m\u00e9todos. A modo de ejemplo, se siguen utilizando perros porque son capaces de detectar los IED (Improved Explosive Device), artefactos explosivos improvisados utilizados, por ejemplo, en las guerras de Chechenia. Siguen siendo los perros los que se ven obligados a lanzarse en paraca\u00eddas desde alturas de 5,000 metros, sin tener en cuenta sus caracter\u00edsticas etol\u00f3gicas. Y merece la pena recordar al perro de guerra Cairo, un malinois belga, el \u00fanico nombre que mencion\u00f3 y homenaje\u00f3 el presidente Obama en la base militar de Fort Campbell (6 de mayo de 2011) en su discurso de agradecimiento al comando de los 81 miembros de la unidad secreta Seal Team Six, que acab\u00f3 con la vida de Osama Bin Laden.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Sin protecci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De hecho, por muy poco o, por desgracia por nada que se aplique, para los humanos existe la Convenci\u00f3n de Ginebra, que se ocupa de la protecci\u00f3n de los grupos vulnerables durante las guerras, pero no contiene ninguna referencia al deber de proteger a los no humanos, algo que no entra dentro del DIU, el Derecho Internacional Humanitario. A d\u00eda de hoy no existe protecci\u00f3n alguna para ellos: se cuentan y, a veces, se lamentan las v\u00edctimas humanas, pero a las animales no se les dedica ning\u00fan inter\u00e9s: \u00bfqui\u00e9n sabr\u00eda decir cu\u00e1ntos cerdos, cu\u00e1ntos perros, gatos, terneros, delfines, gallinas\u2026 han muerto hasta la fecha en Ucrania, en Gaza, en el L\u00edbano\u2026? Pero, m\u00e1s sencillamente: \u00bfcu\u00e1ntos de nosotros nos hemos planteado esta pregunta? Y adem\u00e1s: \u00bfa cu\u00e1ntos les importa la respuesta?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si en tiempos de paz un largo proceso, en el mundo occidental, ha llevado a reconocerlos como seres sensibles y el camino cient\u00edfico est\u00e1 abierto a su reconocimiento como seres dotados de autoconciencia, todo progreso \u00e9tico se ve arrasado en tiempos de guerra, cuando se les puede hacer \u2014y se les hace\u2014 de todo. Mueren sin que se les mencione ni se les cuente, se les trata como si fueran objetos, no hay lugar alguno para el reconocimiento de su inmenso sufrimiento ni para la gratitud por la ayuda que prestan constantemente a los humanos. Para ellos no hay espacio en las cr\u00f3nicas diarias, en los reportajes. A la vista de todos est\u00e1 solo el destino de algunos que aparecen en las im\u00e1genes porque la c\u00e1mara los enfoca junto a los humanos: es el caso, por ejemplo, de los burros de Gaza, a los que es imposible no ver en los reportajes que muestran a las personas huyendo con sus escasas pertenencias: es imposible no verlos, pero muy posible no fijarse en ellos. Est\u00e1n ah\u00ed, reducidos a siluetas esquel\u00e9ticas y obligados a tirar de carretillas repletas de gente y de cosas: su sufrimiento no es, sin duda, menor que el de las personas, pero pasa desapercibido, a pesar de estar ah\u00ed gritando un dolor no menos grave que el de los humanos. En este vac\u00edo perceptivo, result\u00f3 muy apreciable el comentario de Andrea Lacomini, portavoz de Unicef Italia (Skytg24; 31 de julio de 2025), en una de sus conexiones desde Gaza. Al relatar las indescriptibles miserias humanas, coment\u00f3 diciendo tambi\u00e9n: \u00abLos burros, pobrecitos, tambi\u00e9n se est\u00e1n muriendo de hambre, igual que los ni\u00f1os\u00bb: \u00e9l, una persona que siempre se ha comprometido con la defensa de la infancia traicionada, humillada y ofendida, en medio del sufrimiento de ni\u00f1os, mujeres y ancianos, fue capaz de ver tambi\u00e9n la devastaci\u00f3n y el dolor de los dem\u00e1s animales. Y hacia ellos expres\u00f3 el mismo dolor. Tuvo el valor de decir lo que cualquiera, si no estuviera cegado por la creencia cr\u00f3nica de que solo nosotros, los humanos, contamos, podr\u00eda y deber\u00eda decir, porque la empat\u00eda, para ser tal, no puede conocer fronteras entre especies. Y, sin embargo, su voz se alz\u00f3 en medio del silencio sepulcral que envuelve la vida y la muerte de los dem\u00e1s animales: en la devastaci\u00f3n de la guerra como destino final de comportamientos y convicciones arraigadas en la vida cotidiana de la mayor\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vale la pena recordar que en Hyde Park, en Londres, se encuentra el Animals in War Memorial, inaugurado en 2004, como homenaje a los millones de animales empleados en las guerras libradas por los brit\u00e1nicos y sus aliados. La inscripci\u00f3n reza: \u00abThey had no choice\u00bb (No tuvieron elecci\u00f3n). No es precisamente un monumento que compense las tragedias a las que alude y resulta realmente insuficiente si su objetivo es una especie de reconocimiento tard\u00edo para lavar culpas. Pero la inscripci\u00f3n es fundamental para consagrar, m\u00e1s all\u00e1 de toda ret\u00f3rica, la anulaci\u00f3n de toda posibilidad de elecci\u00f3n por parte de los animales, tanto en la guerra como en la paz. La \u00fanica posibilidad que queda es esperar, aunque m\u00e1s all\u00e1 de toda racionalidad, en la existencia de un Para\u00edso <em>ad hoc<\/em> porque, como dice un ni\u00f1o napolitano en el libro de culto <em>Nessun porco \u00e8 signorina (<\/em>Ning\u00fan puerco es una dama<em>)<\/em>, cuando vayan al Cielo, Dios les pedir\u00e1 perd\u00f3n por haberlos creado. Porque lanzarlos a una vida de dolor espasm\u00f3dico e insuprimible solo puede atribuirse a una ligereza imperdonable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La comparaci\u00f3n ventajosa<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el gran olvido de las v\u00edctimas animales de cualquier guerra entra en juego con fuerza un mecanismo defensivo bien conocido, el de la comparaci\u00f3n ventajosa, m\u00e1s conocido con la expresi\u00f3n \u00abbenaltrismo\u00bb, que nos permite exagerar todas las formas de maltrato hacia otros animales \u2014que cometemos sin siquiera sentirnos culpables\u2014 e indignarnos. Se comparan situaciones objetivamente graves con otras consideradas peores por el pensamiento com\u00fan: el mantra es que, con todo lo que est\u00e1 pasando, hay cosas mucho m\u00e1s importantes de las que ocuparse. As\u00ed pues, si los seres humanos resultan heridos, asesinados, deportados, torturados, sometidos a violencias atroces; si los ni\u00f1os quedan hu\u00e9rfanos, pierden piernas o brazos; si se lanzan bombas sobre colegios y hospitales, desde luego no es el momento de ocuparse de los animales. En definitiva, se establece una jerarqu\u00eda de las injusticias. Se trata de un mecanismo peligroso porque lleva a cometer o tolerar much\u00edsimas situaciones en las que se inflige el mal sin sentir siquiera culpa alguna: se aceptan las peores injusticias, sin oponerse a ellas, incluy\u00e9ndolas en la lista de cosas poco importantes, insignificantes si se comparan con las de alcance c\u00f3smico. Habr\u00eda que reflexionar, de una vez por todas, en que ninguna injusticia justifica a otra: ninguna crueldad se ve borrada por otra, sino que se suma a ella, haciendo del mundo un lugar a\u00fan un poco peor. Un mundo que, convertido en un infierno para los animales, no deber\u00eda ser un asunto que se pueda minimizar ni, mucho menos, ignorar, sino que deber\u00eda llevarnos a cuestionarnos en profundidad nuestra propia esencia y a abordar de ra\u00edz el tema de la violencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es de extra\u00f1ar el estado de las cosas, ya que los animales no humanos son las v\u00edctimas predilectas de este mecanismo incluso en tiempos de paz: un mecanismo del que tambi\u00e9n se sirve con generosidad la pol\u00edtica, siempre ocupada en tareas nobles, lo que le permite ni siquiera tener que dar explicaciones por su inercia en materia de protecci\u00f3n animal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfQu\u00e9 hacer, pues? El contagio de la violencia y del mal<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Huelga decir que no existen recetas milagrosas, porque la \u00fanica soluci\u00f3n posible deber\u00eda buscarse en cambios que abarquen todo el contexto cultural. Habr\u00eda que reconocer que la violencia habitual ejercida sobre los no humanos, que es el sello distintivo de nuestra relaci\u00f3n habitual con ellos incluso en tiempos de paz, es la primera gran pieza de esa cultura que, en sus formas m\u00e1s extremas, llega a la que se practica durante las guerras. Son muy esclarecedoras las palabras del psic\u00f3logo canadiense Steven Pinker, quien, en un estudio monumental sobre este tema (<em>El declive de la violencia<\/em>), escribe en la primera p\u00e1gina que, si queremos comprender el porqu\u00e9 de la violencia, debemos estudiarla de forma integral, es decir, no solo en sus manifestaciones aisladas, sino en su proceso de formaci\u00f3n. Dice textualmente: \u00abdesde los azotes a los ni\u00f1os hasta las declaraciones de guerra entre naciones\u00bb; es decir, partiendo de aquellas que generalmente se consideran aceptables, cuando no incluso recomendables. Yo matizar\u00eda esta afirmaci\u00f3n situando en el origen, incluso antes de los azotes a los ni\u00f1os, la violencia contra los no humanos, ya que estos son a\u00fan m\u00e1s indefensos, puesto que ni siquiera pueden contar con el escudo protector de las leyes. Por otra parte, fue en 1884 cuando George Angell, presidente de la Sociedad de Massachusetts para la Prevenci\u00f3n de la Crueldad contra los Animales, acusado de preocuparse demasiado por los animales cuando hab\u00eda tanto por hacer por las personas, respondi\u00f3 categ\u00f3ricamente: \u00abYo trabajo en las ra\u00edces. En las ra\u00edces del problema de la violencia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Los grandes pacifistas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta tesis guarda relaci\u00f3n con el pensamiento de los grandes pacifistas: Aldo Capitini (1899-1968), considerado el Gandhi italiano, lleg\u00f3 a afirmar que la costumbre de matar a los animales de forma constante y sin tregua es el caldo de cultivo de las guerras. Por ello, decidi\u00f3 hacerse vegetariano en 1932, cuando empezaban a soplar vientos de guerra, con la convicci\u00f3n declarada de que, si se aprend\u00eda a no matar a los animales, con mayor raz\u00f3n se evitar\u00eda la matanza de seres humanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la misma l\u00ednea se sit\u00faa la postura de otros pacifistas \u2014Gandhi, Tolst\u00f3i, Terzani, Marcucci, Schweitzer\u2014, convencidos de que el rechazo a la guerra no surge de forma repentina, sino que se nutre de una actitud solidaria, no depredadora, hacia todos los dem\u00e1s, humanos y no humanos, y abarca todos los aspectos de la vida individual y social.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Modificar la condici\u00f3n de la v\u00edctima<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si bien no somos capaces de comprender qu\u00e9 hacer para frenar las guerras \u2014en buena compa\u00f1\u00eda, en nuestra impotencia, junto a mentes geniales como Albert Einstein, Sigmund Freud o Bertrand Russell\u2014, en este contexto, de forma mucho m\u00e1s modesta, podemos intentar pensar en lo que es posible hacer, al menos para obstaculizar la inmensa y silenciosa victimizaci\u00f3n de los animales no humanos, soldados inconscientes y v\u00edctimas olvidadas de toda guerra. El <em>quid<\/em> de la cuesti\u00f3n radica en la convicci\u00f3n de que somos los amos y se\u00f1ores de la vida y la muerte, autorizados e incluso llamados a ejercer este poder a nuestro antojo. Solo si y cuando decidamos devolver a los animales su lugar en el mundo, junto a nosotros y no por debajo de nosotros, podremos aspirar a restablecer un equilibrio hoy destrozado, del que es fruto toda la situaci\u00f3n actual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una situaci\u00f3n que, por desgracia, sigue quedando bien resumida en afirmaciones lapidarias como la de Jos\u00e9 Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998, quien, al titular su autobiograf\u00eda <em>Este mundo no est\u00e1 bien<\/em>, desea e invoca que llegue otro. Y la de un escritor como Jim Mason, que titula uno de sus impactantes libros <em>Un mundo equivocado<\/em>. Y podr\u00edamos continuar con Cesare Pavese, quien, a trav\u00e9s de Nuto, personaje de su obra maestra <em>La luna y las hogueras<\/em>, dice: \u00abEl mundo est\u00e1 mal hecho y hay que rehacerlo\u00bb. En resumen: \u00abEl mundo me duele\u00bb, por decirlo con palabras de Giorgio Gaber.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La situaci\u00f3n de estos \u00faltimos a\u00f1os parece negar realmente toda posibilidad de optimismo, dada la enormidad de los cambios que ser\u00edan necesarios. Pero cada individuo tiene el poder de aportar su granito de arena: indignarnos por el trato que reciben los animales en la guerra no tiene sentido si seguimos haci\u00e9ndoles lo mismo en tiempos de paz. Porque, en palabras de Louise Michel, de estos tiempos malditos surgir\u00e1 el d\u00eda en que el hombre consciente y libre ya no torturar\u00e1 ni a sus semejantes ni a los animales. Por esta esperanza merece la pena atravesar el horror de la vida.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>ORIGINAL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Animali nonumani: vittime in pace e in guerra<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Annamaria Manzoni<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">26 Giugno 2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Erano stati catturati in Africa, nei loro territori di vita, schiavizzati, costretti a un viaggio di migliaia di chilometri fino al gelo delle Alpi. Ora sappiamo che dei 37 animali, con cui Annibale era partito, solo uno sopravvisse per un anno prima di morire. Di tutto questo nei libri di storia non c\u2019\u00e8 traccia. Del resto non si parla neanche degli oltre 11 milioni di cavalli e muli, sfruttati fino allo sfinimento per trasportare viveri, mitragliatrici e ogni altro strumento bellico, e, alla fine, macellati e mangiati. O dei tantissimi cani trasformati in bombe viventi. Gli animali da almeno 45 secoli vengono costretti a partecipare alle operazioni belliche. \u201cNella grande rimozione delle vittime animali di ogni guerra entra in gioco prepotentemente un meccanismo difensivo ben conosciuto \u2013 scrive Annamaria Manzoni -, noto con l\u2019espressione di benaltrismo, che ci permette di esasperare tutte le forme di abuso sugli altri animali, che commettiamo senza neppure sentirci in colpa\u2026 Si tratta di un meccanismo pericoloso perch\u00e9 induce a compiere o a tollerare tantissime situazioni in cui il male viene inflitto senza neppure provare sensi di colpa\u2026 Bisognerebbe finalmente riflettere che nessuna ingiustizia ne giustifica un\u2019altra\u2026 Ogni singolo individuo ha il potere di fare la propria parte\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cTutto si tiene, e il nostro disgusto per la violenza delle societ\u00e0 organizzate e dell\u2019uomo sull\u2019uomo deve allargarsi a quello dell\u2019uomo sulla natura, dell\u2019uomo sulle altre specie viventi\u201c (Goffredo Fofi)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Parlare della vittimizzazione degli animali in guerra comporta parlare di loro come vittime anche in tempo di pace e porta a considerare come la loro situazione sia tanto simile a quella dei pi\u00f9 diseredati tra gli umani.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Non ha bisogno di essere esplicitata l\u2019affermazione che considera gli animali vittime anche in pace, vittime della strabordante violenza che \u00e8 la costante del nostro interagire con loro, dal momento che, a fronte dei pochissimi di cui ci occupiamo con amore, sono centinaia di miliardi quelli che noi tormentiamo anche in tempo di pace: li uccidiamo, mangiamo, vivisezioniamo, imprigioniamo, cacciamo, peschiamo, sottomettiamo, estinguiamo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al di l\u00e0 di ogni retorica che esalta (in mala fede) coraggio, virilit\u00e0 ed eroismi vari, ogni guerra \u00e8 teatro inesauribile di morte, distruzione, dolori inenarrabili, disastri del corpo e della psiche. Anche i soldati, che sono quelli chiamati, ma frequentemente obbligati, ad esserne gli attori principali e gli esecutori materiali dei peggiori crimini, sono spessissimo vittime oltre che carnefici, impossibilitati a sottrarvisi e costretti a divenire quello che mai avrebbero voluto n\u00e9 pensato, lontani mille miglia dal desiderio di combattere e infliggere dolori speculari ai propri desiderosi solo di ritornare dove sentirsi amati, alla vita di sempre, alle piccole abitudini di un tempo divenute ora sogno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Anche gli animali nonumani subiscono sofferenze indicibili, assoluto spaesamento, terrore dilagante: sono da sempre soldati arruolati a loro stessa insaputa, destinati a diventare vittime sconosciute e mai rimpiante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c8 invece una sorta di obbligo morale provare a dare loro la visibilit\u00e0 che gli spetta; occuparcene diventa anche un osservatorio privilegiato della nostra relazione con loro, del nostro bisogno della loro presenza e nello stesso tempo della abissale asimmetricit\u00e0 di questo rapporto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Soldati inconsapevoli<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gli animali vengono arruolati a forza nelle guerre, che dovrebbero invece essere un affare tutto nostro: c\u2019\u00e8 una recente affermazione del primo ministro britannico Starmer, che, riferendosi alla volont\u00e0 di non intervenire nella situazione del Golfo, ha sentenziato \u201cNon \u00e8 la nostra guerra\u201d, frase divenuta una sorta di mantra ripetuto dalle nazioni non intenzionate ad entrare in conflitti che ritengono estranei ai loro interessi. Ecco: ogni animale nonumano, arruolato suo malgrado, avesse le parole per dirlo, avrebbe il diritto di dichiarare la stessa cosa: non \u00e8 la nostra guerra. Purtroppo del loro modo di comunicarcelo ci fa comodo continuare a non prendere atto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eppure, tra i tanti episodi, ne esiste uno che nessuno ignora: si tratta di Annibale che nel 3\u00b0 secolo A.C. valicava le Alpi con gli elefanti, impresa che \u00e8 entrata in ogni libro scolastico a partire dalle classi elementari per le suggestioni di cui veniva arricchita, raccontata come un\u2019enorme avventura, senza che venisse sollevata una critica, un dubbio su ci\u00f2 a cui gli elefanti venivano costretti: loro, esseri assolutamente gregari, abituati ad una vita sociale intensa con legami affettivi stringenti, erano stati catturati in Africa, nei loro territori di vita, schiavizzati, costretti ad un viaggio di migliaia di chilometri fino al gelo delle Alpi. Ora sappiamo che dei 37 animali, con cui Annibale era partito, solo uno sopravvisse per un anno prima di morire: tutti gli altri dovettero soccombere nel primo inverno per fame, freddo, ferite, costretti ad un percorso fatale. Ma di tutto questo nei libri non si parlava e quello di Annibale che valica le Alpi con gli elefanti si \u00e8 strutturato come un racconto mistificato sulle prodezze del condottiero cartaginese. Grande occasione persa per sensibilizzare i pi\u00f9 giovani sulla terribile ingiustizia in atto nei confronti di quella meraviglia della natura che gli elefanti sono e per mobilitare reazioni di indignata empatia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La storia degli elefanti-soldato \u00e8 tra le pi\u00f9 trucide perch\u00e9 si \u00e8 pi\u00f9 volte affiancata a comportamenti di un cinismo inconcepibile, vale a dire quello dei maiali incendiati perch\u00e9 le loro grida di dolore, disumane, spaventavano a tal punto i pachidermi da causarne la fuga.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Purtroppo, come i soldati che non possono scegliere, gli animali da almeno 45 secoli vengono costretti a partecipare alle operazioni belliche: almeno da 45 secoli perch\u00e9 sappiamo per esempio che i cavalli venivano impiegati gi\u00e0 dagli Assiri, dal 2000 A.C.. Da allora nessuna guerra pare avere salvaguardato nessuna specie animale.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">I cavalli in particolare sono onnipresenti sui campi di battaglia dai secoli prima di Cristo, attraverso il Medio Evo e l\u2019et\u00e0 moderna fino alle guerre mondiali del 20\u00b0 secolo. Una vasta filmografia ce li ha mostrati gettati in uno stato di assoluto terrore contro l\u2019esercito nemico (nemico dei loro padroni umani, non certo loro) in terribili corpo a corpo, tra nitriti terrificanti, li abbiamo visti crollare feriti con le viscere che fuoriuscivano dall\u2019addome, lasciati a morire sul terreno senza l\u2019ombra di un conforto. E la loro presenza cos\u00ec ubiquitaria ha finito per essere normalizzata, i loro nitriti spaventati musica di fondo di ogni battaglia, mai assoggettata a critiche. I recenti fatti di Roma, quando nei preparativi per la Festa della Repubblica i fuochi d\u2019artificio incautamente lanciati da un carabiniere li hanno terrorizzati al punto di farli fuggire nel traffico cittadino, molto ci dicono di quello che devono avere provato nel frastuono clamoroso di battaglie terrificanti: un veterinario ha spiegato che si tratta di animali sensibilissimi ai rumori. Nulla da aggiungere.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nulla da aggiungere se non che le nostre citt\u00e0 ospitano, orgogliosamente, alcune centinaia di monumenti equestri, che sono un inno ai cavalieri armati, e quindi alla guerra, e nello stesso tempo celebrano la sottomissione dei cavalli, che appaiono nella rappresentazione come null\u2019altro che una sorta di accessorio, di eroica bellezza, al condottiero di turno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Insieme a loro sono state impiegate tante altre specie animali: cani, muli, piccioni viaggiatori, cammelli ed elefanti fuori dall\u2019Europa, ognuna sfruttata per le proprie caratteristiche. Basti dire che durante la prima guerra mondiale furono usati e morirono almeno 11 milioni di equidi, cavalli e muli, sfruttati fino allo sfinimento per trasportare viveri, mitragliatrici e ogni altro strumento bellico, e, alla fine, macellati e mangiati. Mentre almeno 200.000 piccioni vennero usati per portare messaggi, sfruttando alcune loro enormi abilit\u00e0 di \u201cviaggiatori\u201d e finendo in molti casi colpiti dal fuoco \u201cnemico\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Neppure i cani vennero risparmiati: sia nella prima che nella seconda guerra mondiale vennero arruolati a forza, presi, forse meglio dire sottratti, dovunque tanto che si parlava di leva, obbligatoria, per essere impiegati per il trasporto di feriti, addestrati a cercare i morti, a trasportare masserizie varie. Ma spessissimo trasformati in bombe viventi: legati a cariche esplosive venivano spinti contro reticolati dove venivano fatti esplodere. Nella seconda guerra mondiale, addestrati a ricevere cibo solo sotto i cingolati, venivano lasciati a digiuno di modo che poi, affamati, fossero pronti ad andare sotto i cingolati nemici e l\u00ec fatti esplodere. In quello che pare estremo spregio, venivano chiamati cani suicidi, nonostante di certo nel loro comportamento non vi fosse alcun intento suicidario, ma solo la spinta ad obbedire agli ordini, inconsapevoli della fine a cui erano destinati. E un pensiero dolente va ai bambini e alle bambine a cui in tempi recenti abbiamo saputo essere stata inflitta sorte simile in Iran, Nigeria, Irak, Afghanistan: venivano chiamati martiri, attribuendo anche a loro un\u2019intenzione autodistruttivo quasi fossero portatori di una scelta consapevole di autoimmolazione: in realt\u00e0 vittime del buio della ragione, che oscura drammaticamente l\u2019etica dei nostri tempi.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cani suicidi e bambini martiri sono mistificazioni linguistiche funzionali ai mandanti per deresponsabilizzare s\u00e9 stessi: e sono spaventosi esempi di come i pi\u00f9 fragili e deboli, umani e nonumani, siano le vittime prescelte per le azioni pi\u00f9 devastanti. Senza dimenticare i soldati delle prime linee, costretti a lanciarsi contro una morte certa: tanto poi, ci sar\u00e0 sempre una medaglia, consegnata alla famiglia al suono toccante dell\u2019inno nazionale, a certificare come valore e sacrificio la trappola mortale in cui hanno dovuto abbandonare la loro giovane vita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Amicizie interspecifiche sbilanciate<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">In tutto questo va sottolineato un particolare fenomeno, testimoniato da foto e diari risalenti soprattutto alla prima guerra mondiale, guerra di trincea, quindi stanziale. Si tratta del ruolo amicale che molti animali, cani, cavalli, muli, finirono per assolvere, ruolo importantissimo per i soldati che vivevano una situazione di estrema drammaticit\u00e0, paura, solitudine, lontananza dagli affetti. Gli animali erano in grado di sollecitare sentimenti di tenerezza, preziosissimi in mezzo alle carneficine dove ogni briciolo di umanit\u00e0 sembrava perduto ed era l\u2019animalit\u00e0 a rintracciarlo: insomma, presenze vitali anche in termini di sostegno emotivo, capaci di creare. forti legami in una sorta di affratellamento interspecifico. La presenza di un animale, a cui dedicare affetto e cura, agiva come antidoto alla disperazione e alla paura e restituiva ai soldati il senso della propria umanit\u00e0, sopravvissuta nonostante l\u2019abbruttimento quotidiano. I soldati percepivano l\u2019enorme distanza tra l\u2019innocenza delle bestie e la crudelt\u00e0 degli uomini; e questa consapevolezza permetteva loro di lasciare a volte emergere, nei confronti dei nonumani, quella affettivit\u00e0 e quelle emozioni, che la paura di esporre la propria fragilit\u00e0 bloccava davanti agli altri uomini. I diari arrivati fino a noi parlano, per esempio, del dolore di un ufficiale per la morte di una cagnetta, dolore che emergeva pi\u00f9 facilmente dell\u2019angoscia per la morte collettiva degli uomini. O di chi affermava non esserci cosa che tocchi il cuore come la visione di una bestia morente o ferita mortalmente: davvero lancinante se si pensa che questa sensibilit\u00e0 trovava modo di emergere dal profondo nel mezzo delle peggio carneficine umane. Si trattava davvero di una forma di lutto per la morte di una proprio animale, a cui solo oggi, a distanza di un secolo, finalmente si comincia a concedere diritto di cittadinanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Favola bella, davvero: ma senza happy end: al termine della prima guerra mondiale, per esempio, molte centinaia di cani furono abbandonati sull\u2019Adamello, nel momento. della dispersione dell\u2019esercito. Non solo abbandonati, ma addirittura lasciati legati alla catena e quindi condannati ad una morte lenta e atroce. Sarebbe bello poter pensare ad un evento isolato, ma in realt\u00e0 la stessa dinamica abbandonica aveva avuto luogo in Libia nel 1912: i cani furono abbandonati sul suolo africano quando i soldati italiani se ne andarono: e la loro sorte pu\u00f2 solo essere immaginata. E niente da relegare ad un passato lontano da dimenticare, visto che, negli anni \u201970, furono le truppe statunitensi ad abbandonare in Vietnam i 5.000 cani usati nel corso della guerra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Certo: si tratta di comportamenti da contestualizzare tenendo conto della drammaticit\u00e0 dei momenti, ma sono comunque significativi del totale disvalore attribuito agli animali: quello che si stava facendo era lecito, non comportava il rischio di alcuna sanzione, nemmeno morale, ad eccezione, si pu\u00f2 immaginare, del senso di colpa di almeno alcuni soldati. Di certo il legame era stato forte, ma la sua forza non aveva mai la meglio sul dovere di obbedienza agli ordini superiori n\u00e9 tanto meno sulla disperazione della fuga.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Spaventosi prezzi preventivi<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Agli animali, prima e durante le guerre, sono stati inflitti anche trattamenti davvero impensabili, tra i quali vale la pena ricordare quello noto come olocausto dei pets del 1939: nei giorni successivi alla dichiarazione di guerra, in una Gran Bretagna in cui l\u2019affetto per i propri pets era gi\u00e0 molto diffuso, tanto che esistevano cliniche veterinarie e negozi per la loro toelettatura, vennero soppressi circa 750000 animali cosiddetti d\u2019affezione, animali e gatti soprattutto: il governo aveva diffuso non ordini, ma consigli del tipo che, se non si potevano evacuare gli animali, era meglio sopprimerli, perch\u00e9 avrebbero sofferto per mancanza di cibo o a causa di bombardamenti. Furono moltissime le persone che aderirono alla richiesta tanto che si videro lunghe file fuori dagli studi veterinari dove gli animali venivano portati per essere soppressi. Si tratt\u00f2 di una reazione di massa dettata dalla paura, dalla forza della propaganda, dalle condizioni di guerra, che non manc\u00f2 poi di causare sensi di colpa e vergogna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Qualche cosa di analogo, in qualche modo ancora pi\u00f9 tragico, ebbe luogo a Tokyo nel 1943, quando il governo giapponese ordin\u00f2 alla popolazione (questa volta non si tratt\u00f2 di un consiglio, ma di un ordine) di uccidere tutti gli animali domestici, facendolo personalmente oppure consegnandoli alle autorit\u00e0: il provvedimento fu giustificato con la carenza di cibo e il pericolo che gli animali spaventati dai bombardamenti potessero costituire. Fu un evento molto impopolare e traumatico, alla base del quale agiva un clima di sacrificio, il richiamo delle autorit\u00e0 alla necessit\u00e0 che in tempo di guerra tutti dovessero essere pronti a pagare un prezzo personale, si trattasse di umani o nonumani. Al di l\u00e0 della crudezza della decisione, non si pu\u00f2 non sottolineare il divario tra la normale svalutazione degli animali e la loro mancanza di diritti, e l\u2019improvvisa equiparazioneagli umani quando si trattava di far pagare colpe non commesse, attribuendo loro un\u2019etica normalmente disconosciuta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gli zoo: contesti di un pericolo specifico<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">E poi ci sono gli zoo, che meritano un discorso a parte perch\u00e9 sono una realt\u00e0 a parte. Se nel passato erano popolati da animali esotici, orgogliosi bottini di guerra, vanto dei vincitori, di cui erano l\u00ec a testimoniavano la supremazia, anche ai giorni nostri celebrano il dominio dell\u2019essere umano su tutte le altre specie, ingabbiati o comunque reclusi come sono. Allo scoppio delle guerre, quando il cibo scarseggia e si fa reale il pericolo che gli animali impazziti di paura scappino e terrorizzino la popolazione, l\u2019orgoglio di esibirli lascia velocemente il posto a soluzioni ben pi\u00f9 pragmatiche: evacuare i pochi che \u00e8 possibile evacuare, arruolarne alcuni (per esempio elefanti) e uccidere tutti gli altri, spesso poi trasformandoli in cibo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tanti i luoghi dove la storia si \u00e8 ripetuta: per esempio lo zoo di Berlino, dove a salvarsi furono solo 91 dei 3.000 l\u00ec rinchiusi nel corso della seconda guerra mondiale. O quello di Varsavia, reso celebre da un film del 2017, La signora dello zoo di Varsavia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ma descrizioni sconvolgenti che rendono conto dell\u2019atrocit\u00e0 insita in queste situazioni si trovano in un piccolo pressoch\u00e9 sconosciuto libro dal titolo magnetico, Questa vita tuttavia mi pesa molto, di Edoardo Franzosini, che descrive il massacro pianificato e scrupoloso nello zoo belga di Anversa nell\u2019agosto del 1914, ordinato dalle autorit\u00e0 che stabiliscono che tutti gli animali dello zoo debbano essere uccisi nel giro di 48 ore. Gi\u00e0 gli orsi erano stati eliminati perch\u00e9 la loro mole cos\u00ec interessante in altri momenti si era gi\u00e0 trasformata in ingombro. Poi la \u201cspaventosa faccenda\u201d, come la chiama Franzosini, viene affidata all\u2019efficienza di un plotone di esecuzione di 50 uomini, armati di fucile Mauser a ripetizione con baionetta innestata. Si comincia dagli uccelli, che, alla vista dei soldati, strepitano impazziti e sbattono contro le reti delle voliere. Riempiono l\u2019aria i colpi dei fucili, ma anche le grida inutili degli uccelli, il rumore dei loro becchi contro le reti delle voliere, senza che ci sia scampo per nessuno. \u00c8 poi la volta dell\u2019elefante alla cui morte provvedono dieci sodati disposti su due file, davanti quelli inginocchiati e dietro quelli in piedi perch\u00e9 lui, poverino, non riesce a morire. E si procede con tutti gli altri, usando per le antilopi solo la baionetta, perch\u00e9 con loro \u00e8 facile. Non ci risparmia, Franzosini, l\u2019agonia di molte ore del rinoceronte e finalmente la sporca vicenda si conclude con le scimmie, lasciate per ultime, forse perch\u00e9 la loro somiglianza con gli umani non facilita il compito. La carneficina portata a termine con precisione risulta una sorta di anteprima di quella che proseguir\u00e0 per anni nelle trincee dove a non avere scampo saranno milioni di esseri umani.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se questo \u00e8 un racconto del passato, \u00e8 facilmente applicabile al presente solo modificando le coordinate geografiche, per arrivare per esempio allo zoo di Baghdad in Irak, dove dei 700 animali ne rimasero in vita poche decine, a cui fu dedicato grande sforzo per guarirli dai traumi subiti.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Come risaputo, la storia insegna, ma gli studenti non imparano: finita la tragedia con la morte terribile di ogni animale, a nessuno si affacci\u00f2 alla mente che gli zoo fossero da chiudere perch\u00e9 luoghi di prigionia e ingiustizia, pronti ad esplodere nei momenti di difficolt\u00e0. Anzi: ancora oggi la cronaca rimbomba di situazioni al limite del grottesco: giusto nel marzo scorso, 10 babbuini sono stati uccisi nello zoo di Zurigo, perch\u00e9 il loro numero \u00e8 stato giudicato troppo elevato rispetto al gruppo dei loro conspecifici e quindi in grado di innescare una dinamica di gruppo instabile nel clan di 48 animali. Anni prima, era il 2014, aveva indignato l\u2019opinione pubblica l\u2019uccisione, nello zoo di Copenaghen, del giraffino Marius, di soli 18 mesi, anche lui con l\u2019unico torto di essere in sovrannumero rispetto alle esigenze dello zoo. Non manc\u00f2 in quel caso l\u2019ulteriore spregio di sezionarlo pubblicamente e darlo in pasto ai leoni, davanti ad un pubblico anche di bambini. L\u2019aver parlato le autorit\u00e0 di intento educativo non pu\u00f2 che lasciare basiti.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Stessa sorte per i pi\u00f9 diseredati<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tantissimi sono gli animali che rimangono sotto le macerie insieme agli umani; quelli feriti che non hanno modo di essere curati, quelli che muoiono per mancanza di cibo, allo stesso modo di cani e gatti portati nei rifugi e lasciati anche loro l\u00ec a morire di fame e di sete.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un\u2019intervista contenuta nel libro inchiesta Ragazzi di zinco, di Svetlana Aleksievic, premio Nobel per la letteratura 2015, che ha ripercorso la guerra dei russi in Afghanistan (1979-1989) nel racconto dei reduci, riporta la testimonianza di un soldato che ricorda come gli animali non venissero risparmiati nemmeno dalle rappresaglie: come quando fermata una carovana che trasportava armi, gli uomini vennero messi da una parte, asini e muli dall\u2019altra e tutti aspettarono la morte in silenzio. Fino a quando le urla di un asino ferito gli attraversano le orecchie e il cuore. Oppure il sogno che perseguita come un incubo un altro reduce che risente i lamentosi guaiti dei cani cerca-mine. Avevano anch\u2019essi i loro morti e feriti. Erano distesi vicini, morti. Uomini senza gambe. Cani senza zampe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Come se non bastasse la carneficina quotidiana, non mancano certo gli episodi di animali sottoposti ad angherie di ogni genere, o uccisi appositamente a fucilate o avvelenati nelle strade come spregio alla popolazione: \u00e8 possibile che vengano volutamente colpiti rifugi, allevamenti, zoo, e stragi effettuate per pura crudelt\u00e0 in spregio alla popolazione. La crudelt\u00e0 che \u00e8 tanto spesso la cifra del nostro rapporto con loro anche in tempo di pace, si amplifica a dismisura in territori bellici dove la violenza sembra essere l\u2019unico possibile modello di relazione, e pi\u00f9 che mai legittimata quando tutto intorno \u00e8 caduta ogni remora morale. Poco da meravigliarsi per altro perch\u00e9 nel corso delle guerre si verifica un black out di tutti i freni morali, dal momento che la ripetizione continua della violenza scatena altre pulsioni oscure, che sfociano in episodi gratuiti contro chiunque, di solito umani, ma perch\u00e9 no anche animali.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La caccia e la guerra: cambiano le vittime, ma non sempre<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Come si legge nel libro I<em>l bravo soldato mulo<\/em>, questa assuefazione alla violenza e alla crudelt\u00e0 diventa a volte talmente pervasiva che, nei momenti pi\u00f9 tranquilli, i soldati decidono di occupare il tempo nelle frequenti battute di caccia, come diversivo, in questo modo trasformando gli animali in ulteriori vittime dell\u2019atmosfera bellica. Si leggono frasi tratte dai diari del tipo \u201cla guerra \u00e8 una grande avventura, una battuta di caccia in cui le prede, anzich\u00e9 le solite volpi o anatre, erano esseri umani\u201d (pg. 19). \u201dFrequenti battute di caccia servivano ad occupare il tempo a scacciare la noia e ad arricchire la mensa\u201d. Insomma, il clima di violenza che \u00e8 la cifra di ogni guerra si espande a dismisura, crea assuefazione, tendenza alla ripetizione, crollo dei freni morali: se uccidere \u00e8 quello che viene richiesto, lo si fa senza pi\u00f9 alcuna remora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">E molto ci sarebbe da argomentare sul confine fragile che separa caccia e guerra, dando alla caccia il significato che le \u00e8 proprio di attivit\u00e0 sadica, fonte di piacere davanti alla sofferenza procurata, esercizio di predominio crudele, altro che attivit\u00e0 sportiva, dal momento che \u00e8 sorretta ed alimentata dal gusto di uccidere provocando prima terrore e poi estremo dolore. Il confine con l\u2019uccisione degli umani \u00e8 stabilito solo dalle norme sociali che in tempo di pace considerano l\u2019uccisione di un umano attivit\u00e0 penalmente perseguibile, quella di un animale un\u2019attivit\u00e0 lecita e addirittura piacevole. In tempi di guerra questo confine viene abbattuto. Recenti fatti di cronaca informano come, durante la guerra nella ex Yugoslavia, alcuni cacciatori italiani, stimati professionisti, si siano sentiti autorizzati ad uccidere non pi\u00f9 animali, ma uomini, donne e perch\u00e9 no, bambini. Pagando il loro piacere secondo uno sconcio tariffario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Qualcosa di positivo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">In cerca di appigli a un\u2019idea di umanit\u00e0 che \u00e8 allo sbando, l\u2019attenzione di molti si \u00e8 concentrata in questi ultimi anni su qualche notizia rassicurante, fornita dai mass media: ha rincuorato per esempio sapere dell\u2019impegno e dell\u2019abnegazione di associazioni e volontari (un nome per tutti quello di Andrea Cisternino rimasto in Ucraina per non abbandonare il suo rifugio dove ospita ancora oggi centinaia di animali), che dall\u2019inizio della guerra stanno facendo il possibile per prestare loro soccorso, cercando di fornire cibo e di curare i feriti, a rischio della propria stessa vita. E hanno emozionato i filmati di gente costretta a fuggire dall\u2019Ucraina come da Gaza portando con s\u00e9 il proprio cane o il proprio gatto. Testimonianza di una nuova visuale che include nel concetto di famiglia anche i nonumani che quindi finiscono per farne parte a tutti gli effetti:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Il fenomeno ha colpito l\u2019opinione pubblica per la sua ampiezza, e perch\u00e9, ci dicono gli storici, non se ne era avuta testimonianza nelle disperate occasioni di guerre precedenti. Certo, come fenomeno degno di considerazione \u00e8 vero, ma se si va a ricercare nelle esperienze individuali si scopre che c\u2019\u00e8 qualcosa di antico al suo interno,c\u2019\u00e8 qualcuno che ha sperimentato in anteprima la disperazione dell\u2019abbandono del proprio cane o del proprio gatto, quando ancora non era possibile parlarne perch\u00e9 si trattava di un amore non riconosciuto, a cui non concedere diritto di cittadinanza, di cui quasi vergognarsi nel teatro di assoluta oscenit\u00e0 bellica. Se ne trova una struggente testimonianza in un docufilm di pochi anni fa dal titolo pi\u00f9 che emblematico, \u201cNot a time for children\u201d, Non \u00e8 un tempo per bambini: una donna molto anziana in una Ukraina dalle immense sofferenze storiche, ripercorre tutte le atrocit\u00e0 viste nel corso della sua storia personale a partire dall\u2019inizio della seconda guerra mondiale nel suo paese. Ma una disperazione incontenibile la invade nel momento in cui racconta della fuga della sua famiglia sui carri, mentre il loro cane Rex cercava faticosamente di seguirli correndo, e lei e il fratellino imploravano inutilmente il padre di portarlo con loro: lei vede Rex investito e ferito che piange sdraiandosi a morire ai lati della strada: dopo 70 anni e le tante ignominie viste e subite, mai pi\u00f9 ha provato una disperazione altrettanto potente, un dolore cos\u00ec assoluto. Quello che oggi in molti cercano di fare, anche perch\u00e9 sorretti da una cultura, un senso comune che lo autorizza e lo apprezza, probabilmente \u00e8 sempre esistito senza essere riconosciuto ed \u00e8 stato forse appannaggio della fascia delle persone pi\u00f9 inascoltate: i bambini, che, con la perdita drammatica del loro animale, hanno vissuto traumi di enorme impatto, per quanto non riconosciuti.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ritornando all\u2019attuale situazione delle guerre di cui sappiamo, questa \u00e8 per\u00f2 solo una piccola parte della realt\u00e0: enorme \u00e8 il numero degli animali che sono stati abbandonati da chi fuggiva e spaccano il cuore i video dei cani che si aggiravano nei pressi delle stazioni ferroviarie ucraine: restano probabilmente in attesa dei loro compagni, che dalla stazione sono partiti per chiss\u00e0 dove. Un po\u2019 come aveva fatto il cane Hachico nella storia vera divenuta poi un film, interpretato da Richard Gere, cane che resta per anni fuori dalla stazione dove ha visto entrare per l\u2019ultima volta il suo compagno umano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Morte degli animali quali danni collaterali<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Davvero scarsa attenzione si \u00e8 dedicata alla morte di molte migliaia di delfini nel Mar Nero, a causa dei sonar militari utilizzati da navi e sommergibili russi, che danneggiano il loro udito: loro si disorientano, si schiantano contro le rocce, non riescono pi\u00f9 a cercare cibo. \u00c8 la loro morte, ma contestualmente la distruzione dell\u2019intero ecosistema del Mar Nero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c8 la modernizzazione delle guerre, che continua a servirsi degli animali come strumenti sacrificabili, modificandone i modi. Tanto per esemplificare, si continuano a usare i cani perch\u00e9 in grado di percepire gli IED (Improved Explosive Device), bombe artigiane usate per esempio nelle guerre cecene. Sono ancora i cani ad essere costretti a lanciarsi col paracadute da altezze di 5.000 metri, con buona pace delle loro caratteristiche etologiche. E vale la pena pensare al cane da guerra Cairo, un belga Malinois, l\u2019unico nome ricordato e omaggiato dal presidente Obama alla base militare di Fort Campbell (6 maggio 2011) nel suo discorso di ringraziamento al commando degli 81 membri dell\u2019unit\u00e0 segreta Seal Team Six, che uccise Osama Bin Laden.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Senza tutela<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Di fatto, per quanto poco o, ahim\u00e8, per nulla applicata, per gli umani esiste la Convenzione di Ginevra che si occupa della protezione delle fasce deboli nel corso delle guerre, ma non contiene nessun riferimento al dovere della protezione dei nonumani, che non rientra nel DIU, Diritto Internazionale Umanitario. Ad oggi non esiste tutela alcuna nei loro confronti: si contano e talvolta si piangono le vittime umane, ma a quelle animali non viene dedicato interesse alcuno: chi saprebbe dire quanti maiali, quanti cani, gatti, vitelli, delfini, galline\u2026 sono morti fino ad oggi in Ucraina, a Gaza, in Libano\u2026? Ma pi\u00f9 semplicemente: quanti di noi si sono posti questa domanda? E ancora: a quanti interessa la risposta?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se in tempo di pace un lungo percorso, nel mondo occidentale, ha portato a riconoscerli come esseri senzienti e la strada scientifica \u00e8 aperta al loro riconoscimento quali esseri dotati di autoconsapevolezza, ogni progresso etico viene spazzato via in tempo di guerra, quando di loro si pu\u00f2 fare e si fa di tutto. Muoiono senza essere citati n\u00e9 contati, sono trattati alla stregua di cose, non c\u2019\u00e8 spazio alcuno per il riconoscimento della loro smisurata sofferenza n\u00e9 gratitudine per l\u2019aiuto che costantemente forniscono agli umani. Per loro non c\u2019\u00e8 spazio nelle cronache quotidiane, nei reportage. Sotto gli occhi di tutti \u00e8 solo la sorte di alcuni che vengono ripresi in quanto la macchina da presa li inquadra vicino agli umani: \u00e8 il caso per esempio degli asini di Gaza, che \u00e8 impossibile non vedere nei servizi che mostrano le persone in fuga con le loro povere cose: \u00e8 impossibile non vederli, ma possibilissimo non notarli. Sono l\u00ec, ridotti a sagome scheletriche e costretti a tirare carretti strapieni di gente e di cose: la loro sofferenza non \u00e8 certo inferiore a quella delle persone, ma \u00e8 disconosciuta, nonostante sia l\u00ec ad urlare un dolore non meno grave di quello degli umani. In questo vuoto percettivo \u00e8 risultato fortemente apprezzabile il commento di Andrea Iacomini, portavoce di Unicef Italia (Skytg24; 31 luglio 2025) in un suo collegamento da Gaza. Raccontando le inenarrabili miserie umane, ha commentato dicendo anche \u201cGli asini, poverini, stanno morendo di fame anche loro come i bambini\u201d: lui, persona da sempre impegnata in difesa dell\u2019infanzia tradita, umiliata, offesa, in mezzo allo strazio di bambini, donne, anziani, \u00e8 riuscito a vedere anche lo scempio e il dolore degli altri animali. E su di loro ha espresso uguale pena. Ha avuto il coraggio di dire ci\u00f2 che chiunque, non obnubilato dalla cronica convinzione che solo noi umani contiamo, potrebbe e dovrebbe dire, perch\u00e9 l\u2019empatia, per essere tale non pu\u00f2 conoscere confini di specie. E invece la sua voce si \u00e8 alzata in mezzo al silenzio tombale che avvolge la vita e la morte degli altri animali: nella devastazione bellica come approdo finale di comportamenti e convinzioni incistate nel quotidiano dei pi\u00f9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vale la pena ricordare che in Hyde Park, a Londra, esiste l\u2019Animals in War Memorial, inaugurato nel 2004, quale omaggio ai milioni di animali impiegati nelle guerre combattute da britannici e alleati. L\u2019iscrizione \u00e8 They had no choice, Non ebbero scelta. Non \u00e8 molto un monumento per ripagare delle tragedie a cui si riferisce ed \u00e8 davvero troppo poco se il suo obiettivo \u00e8 una sorta di tardivo riconoscimento lavacolpe. Ma la scritta \u00e8 fondamentale nel sancire, al di l\u00e0 di ogni retorica, la nullificazione di ogni possibilit\u00e0 di scelta da parte degli animali, in guerra, ma anche in pace. L\u2019unica possibilit\u00e0 resta sperare, pur al di l\u00e0 di ogni razionalit\u00e0, nell\u2019esistenza di un Paradiso ad hoc perch\u00e9, dice un bambino napoletano nel libro cult Nessun porco \u00e8 signorina, quando andranno in Cielo, Dio gli domander\u00e0 scusa di averli creati. Perch\u00e9 lanciarli in una vita di spasmodico insopprimibile dolore non pu\u00f2 essere ascrivibile che ad imperdonabile leggerezza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Il confronto vantaggioso<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nella grande rimozione delle vittime animali di ogni guerra entra in gioco prepotentemente un meccanismo difensivo ben conosciuto, quello del confronto vantaggioso, pi\u00f9 noto con l\u2019espressione di benaltrismo, che ci permette di esasperare tutte le forme di abuso sugli altri animali, che commettiamo senza neppure sentirci in colpa, di indignarci. Si confrontano situazioni oggettivamente gravi con altre considerate peggiori dal pensiero comune: il mantra \u00e8 con tutto quello che succede, c\u2019\u00e8 ben altro di cui occuparsi. Quindi se gli umani vengono feriti, uccisi, deportati, torturati, sottoposti a violenze oscene, se i bambini vengono resi orfani, perdono gambe o braccia, se si lanciano bombe sulle scuole e gli ospedali di certo non \u00e8 il momento di occuparsi degli animali. Insomma si traccia una gerarchia delle ingiustizie. Si tratta di un meccanismo pericoloso perch\u00e9 induce a compiere o a tollerare tantissime situazioni in cui il male viene inflitto senza neppure provare sensi di colpa: si sdoganano le peggio ingiustizie, senza opporvisi, inserendole nel registro delle cose poco importanti, bagatellare se confrontate a quelle cosmiche. Bisognerebbe finalmente riflettere che nessuna ingiustizia ne giustifica un\u2019altra: nessuna crudelt\u00e0 viene cancellata da un\u2019altra, ma ad essa si somma rendendo il mondo un luogo ancora un po\u2019 peggiore. Mondo, che, trasformato in un inferno per gli animali, dovrebbe essere una faccenda non da minimizzare n\u00e9 tanto meno ignorare, ma da farci interrogare a fondo sulla nostra stessa essenza e indurci ad affrontare alla radice il tema della violenza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Poco da meravigliarsi dello stato delle cose, dal momento che gli animali nonumani sono le vittime predilette di questo meccanismo anche in tempi di pace: meccanismo a cui attinge a piene mani anche la politica sempre impegnata in compiti alti, che le consentono di non dovere neppure giustificazioni alla propria inerzia in materia di tutela animale.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Che fare quindi? Il contagio della violenza e del male<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Inutile dire che non esistono ricette miracolose, perch\u00e9 l\u2019unica soluzione possibile dovrebbe essere cercata all\u2019interno di modificazioni che coinvolgano tutto il contesto culturale. Bisognerebbe prendere atto che la regolare violenza praticata sui nonumani, che \u00e8 la cifra della nostra abituale relazione con loro anche in tempo di pace, \u00e8 il primo grande tassello di quella cultura che, nelle sue forme pi\u00f9 estreme, arriva a quella praticata nel corso delle guerre. Fortemente esplicative sono le parole dello psicologo canadese Steven Pinker, il quale in un mastodontico studio su questo argomento (Il declino della violenza) nella pagina di apertura scrive che, se vogliamo capire il perch\u00e9 della violenza, la dobbiamo studiare non a spot, quindi non solo nelle sue singole manifestazioni, ma nel suo percorso formativo. Dice testualmente dalle sculacciate ai bambini alle dichiarazioni di guerra tra le nazioni: vale a dire facendo inizio da quelle considerate in genere accettabili quando non addirittura raccomandabili. Correggerei l\u2019affermazione mettendo all\u2019origine, ancora prima delle sculacciate ai bambini, la violenza sui nonumani perch\u00e9 ancora pi\u00f9 indifesi dal momento che non possono neppure contare sullo scudo protettivo delle leggi. Per altro era il 1884 quando George Angell, presidente della Massachussets Society for the Prevention of Cruelty to Animals, accusato di occuparsi troppo degli animali quando c\u2019era tanto da fare per le persone, rispondeva categoricamente: Io lavoro alle radici. Alle radici del problema della violenza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">I grandi pacifisti<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Questa tesi \u00e8 collegabile al pensiero dei grandi pacifisti: Aldo Capitini (1899\/1968), considerato il Gandhi italiano, arriv\u00f2 a dire che \u00e8 l\u2019abitudine all\u2019uccisione costante e senza tregua degli animali il brodo di cultura delle guerre. Decise perci\u00f2 di diventare vegetariano nel 1932, mentre cominciavano a soffiare venti di guerra, nella convinzione dichiarata che, se si fosse imparato a non uccidere gli animali, a maggior ragione si sarebbe risparmiata l\u2019uccisione di uomini.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sulla stessa linea \u00e8 la posizione di altri pacifisti, Gandhi, Toltstoj, Terzani, Marcucci, Scweitzer, convinti che il rifiuto della guerra, non nasce improvvisamente, ma si nutre di un atteggiamento solidale, non predatorio con tutti gli altri, umani e nonumani, e coinvolge tutti gli aspetti della vita individuale e sociale.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Modificare lo status della vittima<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se non siamo certo in grado di capire cosa fare per arginare le guerre, in buona compagnia nella nostra impotenza con le menti pi\u00f9 geniali quali Albert Einstein, Sigmund Freud, Bertrand Russell, in questo contesto molto pi\u00f9 modestamente possiamo provare a pensare a quello che \u00e8 possibile fare almeno per intralciare l\u2019immensa silenziosa vittimizzazione degli animali nonumani, soldati inconsapevoli e vittime dimenticate di ogni guerra. Il cuore del problema pulsa nella convinzione di essere noi padroni e signori di vita e di morte, autorizzati e addirittura richiesti di esercitare a nostro piacimento questo potere. Solo se e quando ci decideremo di restituire agli animali il loro posto nel mondo, accanto e non sotto di noi, si potr\u00e0 ambire a ristabilire un equilibrio oggi fatto a pezzi, di cui \u00e8 figlia tutta l\u2019attuale situazione.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Situazione, ahim\u00e8, ancora ben sintetizzata in affermazioni lapidarie quali quella di Jos\u00e8 Saramago, premio Nobel per la letteratura 1998, che intitolando una sua autobiografia Questo mondo non va bene, auspica e invoca che ne venga un altro. E di uno scrittore come Jim Mason che intitola un suo sconvolgente libro Un mondo sbagliato. E si potrebbe continuare con Cesare Pavese che, per bocca di Nuto, personaggio del suo capolavoro La luna e i fal\u00f2 dice Il mondo \u00e8 malfatto e bisogna rifarlo. Insomma: Mi fa male il mondo, per dirla con Giorgio Gaber<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La situazione di questi ultimi anni sembra davvero negare ogni possibilit\u00e0 all\u2019ottimismo, vista l\u2019enormit\u00e0 dei cambiamenti che sarebbero necessari. Ma ogni singolo individuo ha il potere di fare la propria parte: scandalizzarci del trattamento degli animali in guerra non ha senso se continuiamo a fare di loro quello che facciamo in tempo di pace. Perch\u00e9, con le parole di Louise Michel dai nostri tempi maledetti verr\u00e0 il giorno in cui l\u2019uomo cosciente e libero non torturer\u00e0 pi\u00f9 n\u00e9 il suo simile n\u00e9 le bestie. Per questa speranza vale la pena attraversare l\u2019orrore della vita.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:38px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Traducci\u00f3n del italiano: Catalina Valenzuela Gonz\u00e1lez \u00abTodo est\u00e1 relacionado, y nuestro rechazo a la violencia de las sociedades organizadas y del hombre contra el hombre \u00a0debe extenderse a la del hombre contra la naturaleza, del hombre contra las dem\u00e1s especies vivas\u00bb (Goffredo Fofi) Hablar de la victimizaci\u00f3n de los animales en la guerra implica hablar [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2663,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"off","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[3],"tags":[42,32,41,39,15],"class_list":["post-2661","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-novedades","tag-animales","tag-antiespecismo-2","tag-derechosanimales","tag-veganismo-2","tag-especismo"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.1 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Animales no humanos: v\u00edctimas en tiempos de paz y de guerra. 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